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La Lectio Divina Dominical Domingo 14 de Septiembre de 2014 Domingo XXIV del Tiempo Ordinario -

La Lectio Divina Dominical   Domingo 14 de Septiembre de 2014  Domingo XXIV del Tiempo Ordinario -
TEXTO BIBLICO Mateo 18, 21 - 35 Dale click en la imagen

viernes, 19 de julio de 2013

16to. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

TEXTO BIBLICO: Lucas 10, 38-42
«¡Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la mejor parte!»


10,38: Yendo de camino, entró Jesús en un pueblo. Una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.
10,39: Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras;
10,40: Marta ocupada en los quehaceres de la casa dijo a Jesús:
—Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en los quehaceres? Dile que me ayude.
10,41: El Señor le respondió:
—Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, 10,42: cuando una sola es necesaria. 
María escogió la mejor parte y no se la quitarán.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto
Gn 18:1-10ª
Las lecturas este domingo nos presentan con facilidad el mensaje de Dios. La primera es el famoso relato 
de la visita de tres “hombres” a Abrahán, dos de los cuales resultarán ser “ángeles,” (Gn 19:1). A veces 
se les designa a los “ángeles” como “hombres” en la Biblia (p.e., Dn 10:21; Lc 24:4). Este pasaje llamado 
la “teofanía de Mambré” se toma a menudo como un gran ejemplo de la hospitalidad exquisita de 
Abrahán, siendo la hospitalidad algo muy estimado y exigido en el oriente (ver Heb 13:2). Sin embargo, 
notemos que es la mujer, Sara, la que hace todo el trabajo. Recordemos que la mujer era considerada 
como mera propiedad del hombre en las tradiciones más antiguas de la Biblia; Abrahán mismo le dice a 
Sara que diga al faraón que es su hermana, para que éste pueda tranquilamente acostarse con ella sin 
dañar a Abrahán su marido, Gn 12:10-20. Esta tradición de un patriarca viajando con su mujer en país 
extranjero será depurada progresivamente, evitando que se toque a la mujer, mostrando una evolución 
en la Biblia. Comparar aquí los dos Decálogos: en el más antiguo, en Ex 20:17, la mujer que no se debe 
“desear” es parte de la “casa,” es decir, de los bienes, de su esposo-amo, mientras que en Dt 5:21, la 
mujer que no se debe “desear” no forma parte de los bienes del amo, que, usando otro verbo hebreo, 
no se deben “codiciar.” 
Pero la fuerza de este pasaje dado en una promesa, la de un hijo con su esposa Sara, quien desde la 
tienda se rió, ya que era anciana al igual que su marido. Pero la frase fundamental es: “¿hay algo difícil o 
imposible para Dios?”
Lc 10:38-42
Al contrario del caso de arriba, en el evangelio tenemos algo inusitado: la mujer que se sienta a los pies 
del maestro para aprender es alabada, mientras la que hace lo “típico” de las mujeres, atender a los 
hombres, es amonestada. Que la mujer aprendiera, se educara, no era bien visto en el judaísmo, ni 
tampoco durante muchos siglos de la humanidad (si bien era la madre judía la que enseñaba a sus hijos 
los elementos de la fe etc.). Aquí Jesús ha cambiado las cosas. La mujer puede aprender, educarse, su 
papel no está sólo en función del hombre, a pesar de ser llamada “ayudante parecida o semejante” para 
el hombre en Gn 2:23 (y ver la polémica denigración de la mujer en 1 Tm 2:11-15, en un contexto 
eclesial en que las “herejías” que se propagaban solían tener a mujeres por protagonistas). María ha 
escogido conocer el Reino, que cuando se busca, lo demás viene por añadidura, mientras Marta “está 
ansiosa y agitada por muchas cosas.” Lo que traduzco como ‘agitación’ puede referirse a alteraciones 
psíquicas e incluso tumultos, como en Hch 20:1; 21:34. El “estar ansioso” (verbo griego merimnaō) es lo 
que Jesús dice no debemos estar respecto a lo que vamos a comer o cómo vamos a vestirnos, Lc 12:22-
32. El Reino que nos trae Jesús, o que es Jesús, nos basta. “No temas, pequeño rebaño, porque el Padre 
se ha complacido en darles el Reino,” Lc 12:32. 
La postura típica de “estar a los pies” significa que se pone como discípula del maestro, porque así los 
alumnos de los rabinos judíos se ponían. Luego venía el camino discipular. Esto nos hace ver que Jesús 
acepta y alaba a la mujer que ha elegido la mejor parte: Ser discípula del único maestro, que trae 
Palabras de Vida.
Preguntas para recordar el texto:
¿cómo comienza el texto? ¿Por dónde venía Jesús?
¿Dónde se queda Jesús? ¿En casa de quiénes?
¿Qué hace Jesús al llegar a la casa?
¿Cuántas hermanas mujeres vivían allí? ¿Qué hace cada una de ellas?
¿Una de las hermanas que atiende la cocina le pide algo a Jesús? ¿Qué es? 
¿Qué hacía la otra hermana?
¿Cuál es la respuesta de Jesús?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Las lecturas de este Domingo, nos traen las ideas importantes de algunas mujeres, y de promesas.
1. ¿Cuál es mi actitud cuando me encuentro con Jesús?
2. Si tuviera que definir mis momentos de oración, ¿Son de verdad encuentros con Jesús o 
listas de reclamos que yo tengo para Él?
3. ¿Qué significaría hoy, en tu vida, sentarte a los pies del Maestro, es decir ser su 
discípulo?
4. ¿Estás atento a la voz del Maestro…? O el cristianismo para ti es una sumatoria de
prácticas…
5. Cuando realizas actividades ¿te quejas de que otras personas que se dedican a la oración 
a seguir una vida de discípulos no te ayuden?
6. ¿Qué significaría hoy en tu vida “preocuparse” por muchas cosas cuando sólo una es 
importante?
7. ¿Eres consciente que si eliges ser discípulo de Jesús, es la mejor parte y no te será 
quitada? ¿Cómo podrías identificar eso hoy?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Señor también Tú visitas mi casa. Gracias Señor por tu Palabra y por venir a mi.
Me doy cuenta que en muchas ocasiones me afano, me preocupo por cosas vanas. Estas cosas vienen y 
van… y me doy cuenta qué poca atención te presto a Ti Señor.
Te pido perdón por la confusión en que he vivido tanto tiempo, y creer que un activismo sin frenos es lo 
que debo hacer, cuando Tú me estás pidiendo que lo más importante es que yo sea tu discípulo.
Señor, quiero ser tu discípulo, quiero estar a tus pies, quiero estar atento a tu voz, quiero vivir tu 
Palabra. Quiero que tu Palabra se haga vida en mi vida. Y así, también pueda tener el valor de llevarte a 
los demás.
Amén
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Podemos decirle muchas veces: 
te preocupas y te inquietas por muchas cosas…cuando una sola cosa es necesaria
Ella escogió la mejor parte y no se la quitarán.
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Para el momento de la acción, nos comprometemos a pensar en cuántas son las actividades que nos 
llevan a un “activismo improductivo” y tomar en cuenta las cosas que verdaderamente cuentan, como el 
estar a los pies del Señor para ser su discípulo. Proponerse algo concreto como aumentar la vida de 
oración y la Lectura Orante de la Sagrada Escritura, en nuestra vida de seguidores del Señor, para 

enseñarlo a los demás.

martes, 9 de julio de 2013

LECTIO DIVINA 15to. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

TEXTO BIBLICO:     Lucas 10, 25-37  

                                                    «¿Quién es mi prójimo?»


10,25: En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó: —Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? 10,26: Jesús le contestó: —¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? 10,27: Respondió: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. 10,28: Le respondió: —Has respondido correctamente: obra así y vivirás.

10,29: Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo? 10,30: Jesús le contestó: —Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. 10,31: Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. 10,32: Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. 10,33: Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció. 10,34: Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. 10,35: Al día siguiente sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes te lo pagaré a la vuelta. 10,36: ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? 10,37: Contestó: —El que lo trató con misericordia. Y Jesús le dijo: —Ve y haz tú lo mismo.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto
Dt 30:10-14
El Libro del Deuteronomio (“Segunda Torá o Ley”) es importantísimo para el Nuevo Testamento, pues está precisamente en la línea de la tradición judía que hacía hincapié en una nueva “alianza.” La palabra hebrea es berith, la griega diathēkē, y Jerónimo en latín escogió testamentum, por lo que en nuestros idiomas modernos se usa “testamento” en vez de “alianza.” No es el momento de entrar en más detalles aquí. Sólo nos basta decir que esta palabra hebrea puede significar “promesa” (como en la “alianza eterna” después del diluvio, Gn 9:8-17, o la “alianza eterna” con Abrahán en Gn 17, tan querida por Pablo, ver Ga 3:15-18, remontándose a Gn 12); o puede significar “pacto,” no una promesa sin condiciones, sino un acuerdo que hay que cumplir o sufrir las consecuencias. La línea de la “promesa” es la de la escuela “sacerdotal;” la línea del “pacto” es la de la escuela deuteronómica. Según ésta, el pacto (que no era eterno) se rompió (ya desde el Sinaí, Ex 32), y tendría que hacerse uno nuevo. El gran profeta de la escuela deuteronómica fue Jeremías, el único que usa la expresión “nueva alianza,” Jr 31:31-34. No sería una Torá escrita sobre tablas de piedra, sino escrita en el corazón, es decir, una obra (incluso, “operación quirúrgica”) de Dios que cambiaría al ser humano desde dentro. Esta escuela habla de “circuncisión del corazón,” Dt 30:6; cf. Jr 4:4; la escuela sacerdotal, cuyo gran profeta es Ezequiel, hablará de un trasplante de corazón, Ez 36:26.

La última parte del Libro del Deuteronomio también habla, aunque no explícitamente, de la “nueva alianza.” Yahveh hará una alianza distinta con su pueblo, no como la alianza que hizo en el Sinaí (que la escuela deuteronómica llama “Horeb”). Esta es la alianza de Dt 28:69. Conlleva el que Yahveh le dé a su pueblo ojos para ver, oídos para oír y corazón para entender, Dt 29:3; viene siendo la circuncisión de corazón que Yahveh mismo otorgará, Dt 30:6, lo que posibilita cumplir el gran mandamiento, el del Shema‘, Dt 6:5, amar a Dios con todo el corazón. [Pablo y su escuela hablan de esta circuncisión, Rm 2:25-29; Flp 3:2-3; Col 2:11; quizá el pasaje donde se dio por primera vez está en Hch 2:37-39.]
En nuestra primera lectura se habla también de esta Palabra creadora de Dios que habitará en nuestro corazón, que será una Torá (entiéndase, “revelación divina”) escrita en nuestro corazón, según Jeremías, muy cerca de nosotros, como la Palabra hecha carne que pone su tienda entre nosotros.
Lc 10:25-37
En este conocido episodio lucano Jesús evoca dos grandes mandamientos del judaísmo, uno de la escuela deuteronómica que ya vimos, el de amar a Dios con todo el corazón, y otro de la escuela sacerdotal, el de amar al prójimo y al extranjero residente, Lv 19:18b, 33-34. Pero lo novedoso, en la línea del amor a los enemigos, único en Jesús, es exigir la dinámica de no contentarse con amar al “próximo,” al que está cerca de nosotros, sino ir al otro, incluso al enemigo, y hacer de él un próximo a quien amar. Interesante que las dos escuelas veterotestamentarias están representadas y reprochadas en esta famosa parábola, la del sacerdote (en tiempos de Jesús, los Saduceos) y la deuteronómica (levítica), los fariseos en tiempos de Jesús. La relación recta con Dios, es decir, la “justificación,” viene de amar como Dios Padre, incluso al injusto, al hereje perseguidor “samaritano.”
Esta parábola, de la que alguien ha dicho que es la parábola de los verbos, porque en verdad es este samaritano, el que actúa a favor del pobre hombre tirado en el camino. Veamos todos los verbos que pone en acción este hombre Samaritano:
1. llegó a donde estaba,
2. lo vio
3. y se compadeció.
4. Le echó aceite y vino en las heridas
5. y se las vendó.
6. Después, montándolo en su cabalgadura,
7. lo condujo a una posada
8. y lo cuidó.
9. Al día siguiente sacó dos monedas,
10. se las dio al dueño de la posada
11. y le encargó:
12. Cuida de él,
13. y lo que gastes

14. te lo pagaré
15. porque volveré.
He contado 15 verbos. Y es que Jesús nos dice claramente que para comportarse como cristiano, no basta el culto (representado en el sacerdote y el levita). El cristiano es el que actúa a favor de los más desposeídos.
En verdad, quien cumple estos verbos es Jesús. Es Él mismo en persona quien viene a nuestro encuentro a rescatarnos, a curarnos, a redimirnos, a ponernos en un lugar seguro que es la Iglesia, a poner todo de sí para la Iglesia y a prometernos que volverá.
Recordemos que los samaritanos eran odiados en Israel. Sin embargo, es el único que actuó como prójimo.
Preguntas para recordar el texto:
1. ¿Cómo comienza el pasaje del Evangelio?
2. ¿Quién se dirigió a Jesús para ponerlo a prueba?
3. ¿Qué contestó Jesús?
4. ¿Qué respondió el Doctor de la Ley?
5. ¿Qué nueva pregunta le hizo este hombre a Jesús para justificarse?
6. ¿Cómo le contestó Jesús? ¿Qué comparación hizo?
7. ¿Qué le preguntó Jesús al Doctor de la Ley cuando terminó?
8. ¿Qué respondió este Doctor sobre la historia que le contó Jesús?
9. ¿Cuál fue la recomendación de Jesús al Doctor de la Ley?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Nos preguntamos:
Las lecturas de este Domingo, nos hablan de nuestro corazón. Es decir del lugar donde anidan los sentimientos, que luego se transforman en acciones concretas.
1. ¿Le has puesto alguna vez una prueba a Jesús? (Muchas personas le insisten en que haga milagros para que crean en Él).
2. Qué entiendo por: Amarás al Señor tu Dios. con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo? ¿Cómo practico estos mandamientos?
3. Cuando Jesús me propone la parábola del Buen Samaritano, con cuál de todos los personajes me identifico: ¿Con el hombre asaltado en el camino, con el sacerdote, con el levita o con el samaritano?

4. Te pediría que leas de nuevo todos los 15 verbos. ¿Cuáles son los que tú cumples? ¿cuáles los que te cuesta cumplir?
5. Por ejemplo ¿Qué significaría subir en tu propia cabalgadura al que está mal herido?
6. Si tuvieras que ponerte un porcentaje seguro de ayuda al prójimo ¿cuánto te pondrías? ¡100, 80, 60 40%….?
7. Recuerda que el Señor volverá. Y Él nos va a juzgar, como lo dice la Parábola. Él pagará todo lo que hicimos por los heridos a la orilla del camino.
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Señor hoy tu palabra me toca muy seriamente en mi vida.
Yo he reducido mi vida a acciones litúrgicas, a adorarte en el templo. Sin embargo… me descubro plenamente lejos de ser un buen prójimo para los demás. Señor estoy mirándome internamente. Me siento más cerca del Levita que buscaba la Ley y del Sacerdote que buscaba cumplir…. Que de estar cercano al prójimo como tú me pides.
Te pido que me ayudes a ver con claridad dónde estás tú, identificado con el que sufre, con el pobre, con el abatido.
Señor Jesús, no quiero ser indiferente a tu llamado. Quiero estar plenamente en tu vida y en tu Reino. Quiero ser ese samaritano, que aún rechazado, pueda cumplir y realizar los verbos que tú me propones a favor de mis hermanos.
Gracias Señor por tu enseñanza. Gracias por tu amor.
Que sea también un samaritano para los demás
Amén
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Podemos decirle muchas veces:
Quién se portó cómo prójimo. (Versículo 36)
10,36: ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?

ACCION: ¿A qué me comprometo?
Para el momento de la acción, nos comprometemos a buscar a personas que realmente necesiten ayuda. Puede ser niños desamparados, niños en orfanatos, personas en hospitales, o enfermos que podamos acompañar, ancianos desvalidos. En fin, hagamos real los verbos de acción concreta para personas concretas que conozcamos, y lo hacemos en nombre de nuestro Señor
Ánimo en este caminar.


martes, 2 de julio de 2013

Lectio Divina 14to. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C TEXTO BIBLICO: Lucas 10, 1-20


«!!!La cosecha es abundante pero los obreros son pocos¡¡¡»
10,1: Después de esto designó el Señor a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos [en
dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir.
10,2: Les decía:
—La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que
envíe trabajadores para su cosecha.
10,3: Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos.
10,4: No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. 10,5: Cuando entren en
una casa, digan primero: Paz a esta casa. 10,6: Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará
sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. 10,7: Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo
lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. 10,8: Si entran
en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. 10,9: Sanen a los enfermos que haya y digan a
la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes.
10,10: Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan: 10,11: Hasta el polvo de
esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha
llegado el reino de Dios. 10,12: Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la
de aquella ciudad
10,13: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se
hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo habrían hecho penitencia vistiéndose humildemente y
sentándose sobre cenizas. 10,14: Y así, el juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes.
10,15: Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? Pues caerás hasta el abismo.
10,16: Y dijo a sus discípulos:
—El que a ustedes escucha a mí me escucha; el que a ustedes desprecia a mí me desprecia; y quien
a mí me desprecia, desprecia al que me envió.
10,17: Volvieron los setenta [y dos] muy contentos y dijeron:
—Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían.
10,18: Les contestó:
—Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo. 10,19: Miren, les he dado poder para pisotear
serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará. 10,20: Con todo,
no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo.
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO
LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto
Is 66:10-14c
El texto de Isaías es parte de lo que se llama ‘teología de la restauración de Sión’. La gran ciudad de Dios,
tan humillada por Babilonia que la arrasó en 587 a.C., se levantará, brillará con la presencia de Dios de
nuevo dentro de ella. Este es el meollo del mensaje del “Tercer Isaías,” los cap. 56-66 de ese libro. En
este trozo del capítulo final, se repite lo que se dice en Is 60-62, justo después del regreso del exilio de
Babilonia en 538: habrá prosperidad, vendrán a Jerusalén las riquezas de la naciones paganas, Jerusalén
será consolada (ya se llamaba a la parte del libro atribuida al “Segundo Isaías” (Is 40-55) el “Libro de la
consolación,” pues comienza con la “Buena Nueva” consoladora del fin del exilio. Si esta lectura de Is 66
continuara, contendría otro trozo muy “universalista,” es decir, “inclusivo,” que habla de las naciones
paganas bien lejanas que finalmente conocerán la gloria de Yahveh, y aun de ellas serán tomados
sacerdotes y Levitas, algo tan extraordinariamente inclusivo como lo que se dice al principio del Tercer
Isaías (Is 56:1-7): los extranjeros y los eunucos podrán formar parte del pueblo de Dios, pues la casa de
Yahveh será llamada “casa de oración para todos los pueblos (incluyendo claro está a los paganos). La
inclusión de extranjeros (realmente extranjeros, no los trabajadores extranjeros residentes en Israel,
que es otra palabra) y de eunucos contradice las provisiones de Dt 23:2-7. A esto se le llamó a esto
“abrogación profética de la Torá.”
Ga 6:14-18
Aquí hay que señalar que esta vez la segunda lectura claramente expresa la línea inclusiva que está
implícita en la primera. En Cristo (quizá la expresión más importante en san Pablo, refiriéndose al único
cuerpo de Cristo en el cual estamos insertos para formar parte como en un templo) ya no hay
distinciones entre judío y pagano, ni siquiera entre hombre y mujer (Ga 3:23-29); estas distinciones y
separaciones de la “Torá post-caída” (la Torá después del pecado que causó exilio y después separación
estricta entre judío y gentil, mientras que antes del pecado de Adán y Eva no era así) fueron abolidas en
la cruz (Ef 2:11-18; Col 2:9-14). Muchos estudiosos consideran Ga 3:23-29 parte de una fórmula
bautismal.
Lc 10:1-20
El número 72 (algunos manuscritos tienen 70), como indica la Biblia de Jerusalén, representa el número
de las naciones paganas (la tradición judía cuenta 70 nombres de naciones en Gn 10 (ver v. 31), después
del diluvio. [Hay una misión de los Doce en Lc 9:1-6.] Aquí en Lucas se anticipa la misión de la Iglesia
fuera de Israel a los paganos, lo que Lucas narra mucho más paulatinamente en Hch 10. Los mensajeros
de la Buena Noticia, comerán lo que les den sus beneficiarios. El cumplimiento de las profecías de Isaías,
según las cuales de Jerusalén sale la Palabra de Yahveh y las riquezas de las naciones vienen a la Ciudad
santa, se ve claramente en Rm 15:25-27: Pablo ha hecho una colecta entre los cristianos griegos
antiguamente paganos convertidos al Dios verdadero por la labor de los apóstoles judíos precisamente
para los pobres judíos cristianos en Jerusalén, llamados “santos.” Así hay intercambio de bienes
espirituales y materiales.
Todo esto es signo de que estamos en los últimos tiempos, tema que trata Lucas (ver su añadido a la
profecía de Joel en Hch 2:17). Los enviados van de prisa sin nada y ni siquiera saludando en el camino.
Deben de predicar que el Reino de Dios ‘se les ha echado encima’ (Lc 10:9 según el sentido griego; cf. Mt
12:28). Para los que los reciban habrá paz (shalom), según la versión más judía de Mateo 10:12-15;
podríamos decir, habrá consolación, tema muy de Lucas que sigue al Segundo Isaías (ver Lc 2:25-32).
Muchos no aceptaron esta paz que es la consolación del Espíritu (“Paráclito” viene de la palabra griega
para “consolar,” que se usa en Is 40:1). Así, Jesús se lamentó sobre Jerusalén, que no entendiendo las
profecías de Isaías, no reconoció esta paz, Lc 19:41-44. Esta paz escatológica se basa en la victoria de
Jesús sobre el diablo y el mal, algo que Jesús vio en una visión apocalíptica, Lc 10:18, victoria que nos da
acceso al “cielo,” a la presencia de Dios perdida por el primer pecado.
Preguntas para reconstruir el texto y entender las lecturas:
1. ¿A quienes envío el Señor? ¿A cuántos? ¿Y como?
2. ¿Qué les decía sobre esté envío?
3. ¿Qué decía de Corozaín, Betsaida y Cafarnaún?
4. ¿Qué les dijo sobre el mismo y los discípulos?
5. ¿Qué le dijeron los discípulos a su regreso y él que les contestó?
6. ¿El libro de Isaías también es parte de que teología y porque?
7. Si la lectura de Isaías continuará contendría otro trozo muy “universalista,” es decir,
“inclusivo,”. ¿Quiénes podrán formar parte de la casa de Dios, el texto nombra a 4
grupos?
8. La expresión más importante en san Pablo, refiriéndose al único cuerpo de Cristo en el
cual estamos insertos para formar parte como en un templo. ¿Qué nos quiere decir esto
según esté texto?
9. ¿Qué representa el número 72? ¿Lo que Lucas narra en este texto a que profecía
corresponde?
10. ¿Qué fue lo que se lamento Jesús de Jerusalén?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Nos preguntamos:
Las lecturas de este domingo, nos hablan de incluir a todos en la predicación del Reino de Dios. Todos
los pueblos, naciones y culturas merecen conocer el Evangelio, la Buena Noticia.
1. ¿Qué hago yo específicamente para que otras personas puedan conocer a Jesús?
2. ¿Soy un discípulo convencido que si creo en Jesús, mi deber no es esconderlo sino
anunciarlo?
3. ¿Cuáles son los obstáculos con que hoy me encuentro para enseñar el Evangelio a las
demás personas de diferentes culturas?
4. ¿Cómo entiendo yo estas palabras de Jesús: El que a ustedes escucha a mí me escucha; el
que a ustedes desprecia a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me
envió.? ¿Me doy cuenta que yo soy mensajero de Jesús?
5. ¿Soy conciente que Jesús se identifica conmigo cuando anuncio el Evangelio?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Señor, tu Palabra es muy clara. Tú viniste para salvarnos a todos. No quieres que ninguna persona se
quede fuera de la Salvación que Tú ofreces.
Gracias por elegirme como discípulo y misionero tuyo. Quiero ser fiel y quiero darme cuenta que sólo
soy un mensajero tuyo. El mensaje eres Tú mismo.
Que siempre tenga una vida de oración dedicada para ser cada vez más fiel en la misión de llevarte a Ti y
a tu Palabra a los demás.
Amén
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Podemos decirle muchas veces:
La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos
que envíe trabajadores para su cosecha. (versículo 2)
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Para el momento de la acción, nos comprometemos a prepararnos seriamente para ir a una misión.
Primero en la oración, luego también en las actividades, y buscar un grupo determinado para llevarles el
Evangelio del Señor. Dejar cosas y personas que tal vez en algún momento entorpezcan mi seguimiento
al Señor y por lo tanto mi dedicación al discipulado y a la misión.

viernes, 21 de junio de 2013

12vo. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

LECTIO DIVINA

Hno. Ricardo Grzona, frp
PRIMERA LECTURA: Zacarías 12, 10-11; 13, 1
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 62, 2-9
SEGUNDA LECTURA: Gálatas 3, 26-29
TEXTO BIBLICO: Lucas 9, 18-24
«¡Tú eres el mesías de Dios!»
9,18: Estando él una vez orando a solas, se le acercaron los discípulos y él los interrogó:
—¿Quién dice la multitud que soy yo?
9,19: Contestaron:
—Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha surgido un profeta de los antiguos.
9,20: Les preguntó:
—Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?
Respondió Pedro:
—Tú eres el Mesías de Dios.
9,21: Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
9,22: Y añadió:
—El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y
letrados, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
9,23: Y a todos les decía:
—El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga. 9,24: El que
quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvará.
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO
LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto

Estamos frente a uno de los temas más cruciales en el Nuevo Testamento. Jesús ha tenido por fin un
momento tranquilo de oración cuando se le acercan los discípulo y Él les pregunta, Jesús está
indagando lo que opina la gente sobre Él mismo. Es un tema importante. Es la opinión que se tiene
sobre una persona concreta: Jesús de Nazareth.
Las opiniones son varias. Evidentemente Jesús no ha pasado desapercibido por donde anduvo. La gente
está hablando de Él. ¿Qué dicen? Cosas muy diversas. Es alguien con el poder de convicción de Juan el
Bautista, o el mismo Elías que ha vuelto con su fuerza profética, como algunos grupos esperaban, o
alguno de los antiguos profetas. Esto pone en evidencia las expectativas que había en el pueblo de Israel
en aquel momento. Pero ninguna respuesta es acertada.
Obvio, la pregunta primera de Jesús, da lugar a la segunda pregunta que ya no es para toda la gente. Es
para los discípulos mismos, ¿y ustedes quien dicen que soy yo?
Simón Pedro, tomó la delantera para decir lo más crucial e importante en nuestra fe y asegura con toda
claridad: “Tú eres el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Todo esto Pedro lo dice por inspiración del
Espíritu Santo (según Mateo 16, 17). Y es que claro, el cambio fundamental de entendimiento sobre
Jesús ya es radical. No estamos frente a una persona importante, a un maestro sabio, Jesús es el Mesías,
es el Hijo de Dios, es el Salvador, el Señor.
Jesús mismo, inmediatamente pide que no lo digan a nadie, y da el anuncio de su pasión. La misión del
Salvador, se cumplirá en la pasión, muerte y resurrección. Tema, que seguramente no entendieron
mucho los discípulos.
Pero la regla fundamental es que para seguir a Jesús, para ser su discípulo, hay que negarse a sí mismo.
No pueden los orgullos, las vanidades y todo el deseo de sobresalir, tener algún lugar en los cristianos.
Es negándose a sí mismo que se podrá ser seguidor, llevando la cruz, no renegar de la cruz, y para
salvarse hay que dar la vida completa por el Señor y su Evangelio.
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Este texto es muy claro, nos ayuda a entender muchas cosas. Si nosotros hoy hiciéramos una especie de
encuesta, entre las personas conocidas y otras que pasan por nuestra vida ¿qué encontraríamos de
respuestas?
En unos grupos hemos recibido estas ideas:
Jesús es la personificación de la gran energía cósmica,
Jesús es la reencarnación de los grandes de este mundo que se aparecieron de muchas
formas y nombres
Jesús es un mito que dio origen a una religión.
Jesús es muy importante para vivir ciertos valores… Pero todo está cambiado
Jesús murió por ser buena gente, ya no hay como Jesús…
Muchas de estas respuestas, están totalmente influenciadas por las teorías de la nueva era. Mucha
gente está muy confundida hoy con respecto a Jesús. Incluso, una gran mayoría entiende que Jesús más
que Dios, más que el Mesías, es simplemente el fundador de una religión. Pero no se puede tomar
contacto con Jesús.
Pero ahora Jesús te pregunta a ti:
¿Qué opinas tú de Jesús? ¿Es para ti algo como lo que dijeron algunos mencionados anteriormente?
¿Jesús es el Mesías? ¿Jesús, es para ti el Hijo de Dios?
¿Cómo te relacionas con Él?
¿Cuánto haces tú de oración por Día?
¿Realmente vives negándote a ti mismo, para hacer que sea el mismo Jesús el que viva en ti?
¿Abrazas la cruz de Jesús y das toda tu vida sin reserva para seguirlo, dejando tu vida para seguir al
Señor?
¿Eres consciente que éste es el único camino?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Señor a quien iremos, Tú tienes palabras de vida nosotros hemos creído que Tú eres el hijo de Dios.
Queremos acercarnos a Ti, para que nos enseñes, para que nos lleves al Padre.
Tú eres el mesías, nosotros creemos en Ti.
Pero queremos pedirte que nos ayudes a aceptar nuestras cruces, a negarnos a nosotros mismos.
Muchas veces seguimos el éxito, la vanidad, el honor, el destacarnos a nosotros mismos.
Pero no nos damos cuenta que sólo en el seguimiento de tu persona, nos encontraremos de verdad a
nosotros mismos.
Señor, que sepamos renunciar a todo lo que nos separa de Ti, para poder ser tus discípulos y tus
misioneros.
Amén.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Podemos repetir varias veces junto a Pedro:
Señor a quien iremos, Tú tienes palabras de vida nosotros hemos creído que Tú eres el hijo de Dios.
Y hacer propia nuestra vida con esta frase y lo que implica el seguimiento de Cristo.
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Ser discípulo de Cristo implica seguirlo, pero no como nosotros queremos sino seguirlo con las
exigencias que Él nos pide.
Podemos ir a nuestro grupo, y dialogar con todos sobre las exigencias del seguimiento de Cristo hoy, en
nuestras vidas y tomar algunas acciones que demuestren el amor del Señor.
Y nos proponemos realizar algunas actividades que aún cuando no sean de nuestro agrado puedan
demostrar que estamos cambiando de actitud. Por ejemplo algún servicio humilde, especialmente para
los más necesitados, donde dejemos morir un poco nuestro orgullo para que sea Jesús quien triunfe en
nuestra vida.

viernes, 14 de junio de 2013

11vo. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C


Hno. Ricardo Grzona,frp
PRIMERA LECTURA: 2 Libro de Samuel 14, 7-10.13
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 31, 1-11
SEGUNDA LECTURA: Gálatas 2, 16.19-21



TEXTO BIBLICO: Lucas 7, 36-8,3
«¡Se le han perdona muchos pecados, por su amor!»
7,36: Un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa.
7,37: En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo,
acudió con un frasco de perfume de mirra, 7,38: se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a
bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra.
7,39: Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de
mujer lo está tocando: una pecadora.
7,40: Jesús tomó la palabra y le dijo:
—Simón, tengo algo que decirte.
Contestó:
—Dilo, maestro.
7,41: Le dijo:
—Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. 7,42: Como no
podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más?
7,43: Contestó Simón:
—Supongo que aquél a quien más le perdonó.
Le replicó:
—Has juzgado correctamente.
7,44: Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
—¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha
bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello. 7,45: Tú no me diste el beso de saludo; desde que
entré, ella no ha cesado de besarme los pies. 7,46: Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha
ungido los pies con mirra.
7,47: Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró.
Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra.
7,48: Y a ella le dijo:
—Tus pecados te son perdonados.
7,49: Los invitados empezaron a decirse:
—¿Quién es éste que hasta perdona pecados?. 7,50: Él dijo a la mujer:
—Tu fe te ha salvado. Vete en paz.
8,1: A continuación fue recorriendo ciudades y pueblos proclamando la Buena Noticia del reino de Dios.
8,2: Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que había sanado de espíritus inmundos y de
enfermedades: María Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 8,3: Juana, mujer de Cusa,
mayordomo de Herodes; Susana y otras muchas, que los atendían con sus bienes.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?
El texto del Evangelio de este domingo nos presenta dos episodios ligados entre sí. El primero es
un episodio lleno de emoción. Una mujer, considerada pecadora en la ciudad, tiene el valor de
entrar en la casa de Simón, un fariseo, durante el almuerzo, para llegarse a Jesús, lavarle los pies
y llenarlo de besos y perfumes. El segundo es la descripción de la comunidad de Jesús, a la cual
pertenecen los discípulos y discípulas.
Esta división del texto para ayudar en su lectura:
Lucas 7,36-38: Una mujer lava los pies de Jesús en casa de un Fariseo. Una mujer entra, se
arrodilla a los pies de Jesús, comienza a llorar, baña con sus lágrimas los pies de Jesús, se
despeina los cabellos para secar los pies de Jesús, los besa y los unge con perfume. Esto era un
acto de independencia el de soltarse los cabellos en público. Esta es la situación que se crea y
que causa la discusión que sigue.
Lucas 7,39-40: La reacción del fariseo y la respuesta de Jesús. El fariseo, observando la
escena, critica a Jesús y condena a la mujer: “¡Si este hombre fuese un profeta, sabría qué tipo de
mujer es ésta, una pecadora!”. Jesús se sirve de una parábola para responder a la provocación del
fariseo. Una parábola que ayudará al fariseo y a todos a percibir la llamada invisible del amor de
Dios que se revela en el episodio.
Lucas 7,41-43: La parábola de los dos deudores y la respuesta del Fariseo. La parábola de
los dos deudores y la respuesta del fariseo la historia de la parábola es como sigue. Un
prestamista tenía dos deudores. Uno le debía 500 denarios y el otro 50. Un denario era el salario
de una jornada. ¡El salario de quinientos días! Ninguno de los dos tenía con qué pagar. Los dos
fueron perdonados. ¿Cuál de los dos lo amará más? Respuesta del fariseo: “Lo amará más aquél
a quien ha perdonado más”. La parábola supone que los dos, tanto la mujer como el fariseo, han
recibido algún favor de parte de Jesús. Y ahora en el comportamiento que asumen delante de
Jesús, los dos demuestran cómo aprecian el favor recibido. El fariseo demuestra su amor, su
gratitud, invitando a Jesús a comer a su casa. La mujer demuestra su amor, su gratitud con
lágrimas, con besos y con el perfume. ¿Cuál de los dos gestos revela mayor amor: comer o los
besos y el perfume? La medida del amor ¿depende acaso de la medida del regalo?
Lucas 7,44-47: Jesús aplica la parábola y defiende a la mujer. Después de haber recibido la
respuesta correcta del fariseo, Jesús la aplica a la situación creada con la entrada de la mujer a
mitad del almuerzo. Él defiende a la mujer pecadora contra la crítica del judío practicante. Lo
que Jesús repite a los fariseos de todos los tiempos es esto: “¡A quien le ha sido perdonado poco,
demuestra poco amor!”. La seguridad personal que yo, fariseo, me creo por mi observancia de
las leyes de Dios y de la Iglesia, muchas veces, me impiden experimentar la gratuidad del amor
de Dios que perdona. Lo que importa no es la observancia de la ley en sí, sino el amor con el que
observo la ley. Usando los símbolos del amor de la mujer pecadora, Jesús responde al fariseo que
se consideraba justo. “¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y tú no me diste agua para los
pies; mas ella ha regado mis pies con sus lágrimas y las ha secado con sus cabellos. Tú no me
has dado un ósculo, pero ella desde que he entrado aquí no ha cesado de besarme los pies. Tú no
ungiste mi cabeza con óleo perfumado, pero ella ha ungido mis pies con ungüento. Por esto te
digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Por el contrario al que se
le perdona poco ama poco”.
Lucas 7, 48-50: El amor hace nacer el perdón. El perdón hace crecer el amor. El amor hace
nacer el perdón, el perdón hace crecer el amor Jesús declara a la mujer: “Tus pecados te son
perdonados”. Entonces los invitados comienzan a pensar: “¿Quién es éste para perdonar los
pecados?” Pero Jesús dice a la mujer: “¡Tu fe te ha salvado. Vete y no peques más!”. Aquí
aparece la novedad del comportamiento de Jesús. Él no condena, sino que acoge. Y es la fe la
que acoge a la mujer a reponerse y a encontrarse consigo misma y con Dios. En su trato con
Jesús irrumpe en ella una fuerza nueva que la hace renacer.
Lucas 8,1-3: Los discípulos y discípulas de la comunidad de Jesús. Los discípulos y las
discípulas de la comunidad de Jesús recorría las aldeas y ciudades de la Galilea, anunciando la
Buena Noticia del Reino de Dios y los doce estaban con Él. La expresión “seguir a Jesús” indica
la condición del discípulo que sigue al Maestro intentando imitar su ejemplo y participando de su
destino. Los evangelistas no consiguen elaborar una lista de las discípulas que seguían a Jesús,
pero sus nombres, hasta hoy, están esparcidos en las páginas del evangelio, sobre todo en el de
Lucas, y son éstos: María Magdalena (Lc 8,3; 24,10); Juana, mujer de Cusa (Lc 8,3); Susana (Lc
8,3); Salomé (Mc 15,45); María, madre de Santiago (Lc 24,10); María mujer de Cleofás (Jn
19,25); María, Madre de Jesús (Jn 19,25)
Preguntas para la reconstrucción del texto:
1. ¿Quién le hace una invitación a Jesús?
2. ¿Quién se entera de que Jesús está en la casa del fariseo y que sucede?
3. ¿Cuáles son los pensamientos que el fariseo tiene en esos momentos?
4. Jesús sabe cuáles son los cuestionamientos que Simón el fariseo tiene en mente, ¿Ante
eso que le contesta Jesús?
5. ¿Qué le dice Jesús a esta pecadora?
6. ¿Qué empezaron a decirse los invitados?
7. Cuándo Jesús siguió el recorrido en otras ciudades, ¿Quiénes los acompañaban?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Este texto, texto nos lleva a tomar en cuenta, el amor, el perdón y la comunidad.
1. Eres un hijo de Dios ¿Te atreves a buscar a Jesús y confesarle tus pecados?
2. Eres un hijo de Dios ¿Te atreves a buscar a Jesús y confesarle todo tu amor?
3. Eres un hijo de Dios ¿Te atreves a buscar a Jesús y confesarle que necesitas de su
perdón?
4. Cuando ves a alguien (en casa, en la parroquia, en la escuela, en el trabajo) con una
necesidad grande de sacar o decir sus pecados y obtener el perdón y amor de Dios. ¿Qué
haces? ¿Lo acoges, lo ayudas, lo animas?
5. Eres de la personas que enjuicia a cualquier pecador o de las que busca acércala a Dios?
6. ¿Crees en el verdadero perdón y amor de Dios? ¿Cuándo ha pasado?
7. ¿Te gusta compartir o vivir en comunidad así como Dios nos lo ha enseñando?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Esta bella cita nos lleva a orar por el perdón, amor y la comunidad
Y podemos hacer nuestro el 1 Corintios 13, 1-13:
13,1: Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como
una campana que resuena o un platillo estruendoso.
13,2: Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque
tuviera una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada.
13,3: Aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada
me sirve.
13,4: El amor es paciente, es servicial, [el amor] no es envidioso ni busca aparentar, no es orgulloso ni
actúa con bajeza, 13,5: no busca su interés, no se irrita, sino que deja atrás las ofensas y las perdona,
13,6: nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad. 13,7: Todo lo aguanta, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta.
13,8: El amor nunca terminará. Las profecías serán eliminadas, el don de lenguas terminará, el
conocimiento será eliminado. 13,9: Porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías limitadas.
13,10: Cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto será eliminado.
13,11: Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; al hacerme
adulto, abandoné las cosas de niño.
13,12: Ahora vemos como en un mal espejo, confusamente, después veremos cara a cara. Ahora
conozco a medias, después conoceré tan bien como Dios me conoce a mí. 13,13: Ahora nos quedan tres
cosas: la fe, la esperanza, el amor. Pero la más grande de todas es el amor.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Contemplar es ir adentrándose en el misterio, es ir dejando en nuestro corazón, en nuestra mente una
sola frase que nos haga recordar la Palabra del Señor. Por ello repitamos varias veces hasta que quede
en nuestra vida estas frases:
“ Seré el mejor del mundo, pero si no tengo amor, no tengo nada ”
Lo más grande que Dios nos ha dejado es: El amor
Y repetirlo varias veces
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Para el momento de la acción nos proponemos hacer vivo el evangelio, la palabra del Señor y así
cumplamos con el mandato que nos dejo, vayan por todos lados y llevan la buena nueva.
En primer lugar, dentro del núcleo de nuestra familia, amigos y nosotros mismo, tengamos la convicción
de que “ Dios nos ama “, no importa el pasado, no importa que, el siempre está ahí para acogernos.EN
6

También busquemos en la parroquia, o un ambiente que tú consideras que nuestros hermanos deben
escuchar la palabra de Dios, dibújales a Jesucristo con un corazón o llévales una imagen del Sagrado
Corazón de Jesús y explícales esta lectio divina.

martes, 4 de junio de 2013

10mo. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

LECTIO DIVINA


PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 17, 17-24
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 29, 1-6
SEGUNDA LECTURA: Gálatas 1, 11-19


TEXTO BIBLICO: Lucas 7, 11-17
«¡Joven a ti te lo digo, levántate!»
7,11: A continuación se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de los discípulos y de un gran
gentío. 7,12: Justo cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a un muerto, hijo único de una
viuda; la acompañaba un grupo considerable de vecinos. 7,13: Al verla, el Señor sintió compasión y le
dijo:
—No llores.
7,14: Se acercó, tocó el féretro, y los portadores se detuvieron.
Entonces dijo:
—Muchacho, yo te lo ordeno, levántate.
7,15: El muerto se incorporó y empezó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
7,16: Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios diciendo:
—Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo. 7,17: La noticia de lo
que había hecho se divulgó por toda la región y por Judea.
 ¿Qué dice el texto?
De cafarnaún al pueblo de Naín. Antes fue a un militar extranjero, ahora una viuda. Si el milagro
precedente evoca la curación de un general sirio realizada por Eliseo (2 Re 5), éste recuerda la
resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por Elías (1 Re 17): Jesús ya se había referido en la
predicación de Nazaret a estos hechos bíblicos (4, 25-27).
2
Lucas con sus descripciones lógicas y con un buen sentido para un mejor entendimiento de las
escrituras, nos deja ver en este texto 4 aspectos importantes a identificar para comprender este
texto:
Lc 7,11-12: El encuentro de las dos procesiones. Con pocas palabras es capaz de explicarnos el
encuentro de dos procesiones: la procesión de la muerte que sale de la ciudad y acompaña a la
viuda que lleva su hijo único hacia el cementerio; y la procesión de la vida que entra en la ciudad
y acompaña a Jesús. Las dos se encuentran en la pequeña plaza junto a la puerta de la ciudad de
Naín.
Lc 7,13: Entra en acción la compasión. Es la compasión que mueve a Jesús a hablar y a actuar.
Compasión significa literalmente “sufrir con”, asumir el dolor de la otra persona, identificarse
con ella, sentir con ella el dolor. Es la compasión que pone en acción en Jesús el poder, el poder
de la vida sobre la muerte, el poder creador. Jesús no espera que esta mujer o alguien más de los
que lo siguen, le pidan un milagro, una intercesión, como en el caso del centurión (4s); Jesús
actúa con prontitud y naturalidad, primero consolando: «no llores» (13), luego restituyendo la
vida del hijo de la viuda, en un sentido más amplio, restituyendo a la mujer el sentido de su vida
Lc 7,14-15: "Joven, yo te lo ordeno: ¡levántate!”. A veces, en situaciones de gran dolor
causado por la muerte de un ser querido, la gente dice: “En el tiempo de Jesús, cuando Jesús
vivía en esta tierra, había esperanza de no perder a una persona querida porque Jesús podía
resucitarla.” Estas personas consideran el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naín
como un suceso del pasado que suscita nostalgia y también cierta envidia. La intención del
evangelio no es, sin embargo, la de suscitar nostalgia o envidia, sino que nos ayude a
experimentar mejor la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Es el mismo Jesús, capaz de
vencer la muerte y el dolor de la muerte, que continúa estando vivo en medio de nosotros. Él
sigue estando con nosotros hoy y, ante los problemas del dolor que nos matan, nos dice: “A tí te
digo: levántate.” La presencia de Jesús y su palabra no sólo es purificadora, sino que restituye la
vida.
Lc 7,16-17: La repercusión. El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la
Judea y en toda la región vecina.”
“Es el profeta anunciado por Moisés” ( Dt 18,15). El Dios que viene a visitarnos es el “Padre de
los huérfanos y protector de las viudas” ( Sal 68,6; cfr. Jdt 9,11)
Preguntas para recordar la Lectura:
1. ¿De dónde viene Jesús y a que ciudad llega?
2. ¿Cuáles son los aspectos a identificar para entender este texto?
3. ¿Cuáles son las 2 procesiones que Lucas desea que nosotros comprendamos en este
texto?
4. ¿Cuál es la compasión que pone a Jesús en acción?
5. "Joven, yo te lo ordeno: ¡levántate!”. En este sentido, ¿Cuál es la verdadera intención del
evangelio?
6. ¿Qué es lo que el profeta Moisés anunció?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Este texto, nos centra principalmente en la vida y los diferentes caminos y puertas que en ella
encontramos
1. En mis momentos de meditación, ¿He reflexionado entre el camino de la muerte y el
camino de la vida?
2. ¿Qué tanto es mi deseo de ir en la procesión de la vida que Jesús nos ofrece?
3. Ante el sufrimiento y dolor de los demás, ¿Qué tan compasivo soy con ellos? ¿Soy capaz
de acercarme a ellos como lo hizo Jesús y darles una esperanza de vida?, ¿Les pongo en
medio de su sufrimiento y dolor, la presencia viva de Jesús?
4. ¿Cuál es mi actitud ante las experiencias difíciles de dolor que sufro? ¿Qué le aporta mi
cristianismo al sufrimiento?
5. ¿He experimentado o sentido la presencia de Jesús y su palabra que no sólo es
purificadora, sino que restituye la vida? ¿Cuándo?
6. ¿Soy como el profeta Moisés que anuncia a Jesús?
7. Entiendo que al igual que al joven muerto, Jesús vuelve a dirigirse a mí para decirme por
mi propio nombre: “¡…. A ti te ordeno, levántate!
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Este texto nos lleva sin duda alguna a orar por la vida y la compasión del Señor. Podríamos dirigirnos al
Señor dándole gracias..
Y podemos hacer nuestro el Salmo 68 (5-9):
68,5: Canten a Dios, toquen en su honor, ensalcen al jinete de las nubes; su Nombre es el Señor, salten
de gozo ante él.
68,6: Padre de huérfanos, protector de viudas ése es Dios desde su santa morada.
68,7: Dios da un hogar a los que están solos, libera de la prisión a los cautivos; mas los rebeldes se
quedan en el yermo.
68,8: Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo, cuando avanzabas por el desierto,
68,9: la tierra tembló, los cielos se licuaron, ante Dios, el Dios del Sinaí, ante de Dios, el Dios de Israel.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Contemplar es ir adentrándose en el misterio, es ir dejando en nuestro corazón, en nuestra mente una
sola frase que nos haga recordar la Palabra del Señor. Por ello repitamos varias veces hasta que quede
en nuestra vida estas frases:
" La presencia de Jesús y su palabra, me purifica y me restituye la vida.”
Y repetir con nuestro propio nombre: “¡…. A ti te lo ordeno, levántate!
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Para el momento de la acción nos proponemos hacer vivo el evangelio, la palabra del Señor y así
cumplamos con el mandato que nos dejo, vayan por todos lados y llevan la buena nueva.
En primer lugar, dentro del núcleo de nuestra familia y nosotros mismo, entendamos los sufrimientos y
dolores por los que estamos pasando, no importa si son grandes o pequeños, y pidámosle en oración
que nos dé esperanza de vida y quedemos alegres por que el Señor está con nosotros.
También busquemos en la parroquia, en un asilo de ancianos, en una casa de huérfanos, en el hospital u
otro lugar que tú consideres, a personas que veamos que necesitan de nuestro aliento de esperanza,
que necesitan escuchar que Jesús está con ellos. Intentemos hacer con nuestro grupo esta acción.

miércoles, 1 de mayo de 2013

6to. Domingo de Pascua Ciclo C TEXTO BIBLICO: Juan 14, 23-29


LECTIO DIVINA



PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 15,12.22-29
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 66, 2-8
SEGUNDA LECTURA: Apocalipsis 21, 10-14.22-23


TEXTO BIBLICO: Juan 14, 23-29
Amor y fidelidad a Jesús
14,23: Jesús le contestó:
—Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él.
14,24: Quien no me ama no cumple mis palabras, y la palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del
Padre que me envió.
14,25: Les he dicho esto mientras estoy con ustedes. 14,26: El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el
Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que [yo] les he dicho.
14,27: La paz les dejo, les doy mi paz, y no como la da el mundo. No se inquieten ni se acobarden.
14,28: Oyeron que les dije que me voy y volveré a visitarlos. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al
Padre, porque el Padre es más que yo. 14,29: Les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que
cuando suceda, crean.
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO
LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Seguimos en el gran discurso de despedida iniciado el Domingo pasado, según leíamos en Jn 13,31-35. Es
decir, el contexto sigue siendo el adiós de Jesús.
El texto de este sexto Domingo de Pascua, busca responder la pregunta que “Judas, no el Iscariote” le
acababa de hacer a Jesús: “Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?” (v.22). Este
Apóstol, ignorado en la lista de los apóstoles que se encuentran en los evangelios de Mc (3,16-19) y Mt
(10,2-4), bien podría ser el que figura en Lc 6,16 y en Hch 1,13 como “Judas [hijo] de Santiago”. Según
parece, no habría comprendido lo que Jesús había afirmado -y volverá a repetir en el pasaje de hoy- en el
v.21: “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado
por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él”. Quizás Judas pensaría que Jesús estaba hablando de futuras apariciones sensibles del Resucitado y le estaría cuestionando, podríamos decir, la discriminación
obrada por el Maestro de manifestarse sólo a ellos y no al resto de personas de aquel momento histórico.
Se estaría haciendo eco, tal vez, de quienes objetaban esta misma exclusión. En definitiva, ¿por qué se
aparecía solamente a los discípulos y no a todo el mundo?
La respuesta de Jesús, retomando conceptos ya expuestos antes, deja bien claro quienes son los
destinatarios de sus próximas “manifestaciones”. La manifestación de Jesús resucitado se dará a quienes
lo amen y sean fieles a su Palabra. A quienes quieran elegir a Jesús. Es decir, al dirigirse al “que me
ama” se amplía totalmente el espectro de lo que estaría pensando Judas. No se trata ya de aquellos
elegidos gratuitamente por el Señor (“llamó a los que él quiso”) y “vinieron donde él… para que
estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14) sino de los que quieran “amar a Jesús”
viviendo sus enseñanzas y adhiriendo a sus palabras, que no son otras que las del Padre: “La palabra que
ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió” (v.24b). Jesús se manifestará en el ámbito del
amor -ahora es Él quien quiere ser elegido- a aquellos que opten por amarlo viviendo la Palabra que el
Padre anunció por su intermedio y que todos oyeron.
El lector (u oyente) de Jn ya conoce la expresión que explicita este modo de amor que Jesús pretende: el
que dice que lo ama debe ser fiel a su palabra. “Guardar (o ser fiel a) la Palabra”, tal como ya había
explicado Jesús (Jn 8,51-55) y lo repetirá más adelante (Jn 15,20; 17,6) significa aceptar la revelación del
Padre que se da en Jesús. Contrariamente al “que no me ama no es fiel a mis palabras” (v.24a), los que
son fieles a su Palabra son los que viven la fe y la expresan amando a la manera como ama Jesús. Pues el
modo como ama Jesús revela el modo como ama el Padre. Amar a Jesús significa hacer lo mismo que ha
hecho Él: no claudicar frente al dolor, ponerse a los pies de los hermanos, responder a sus necesidades
vitales, compadecerse del que está caído, dar de comer al hambriento, visitar al enfermo, consolar al
triste, hacer fiesta por un pecador que se arrepiente, perdonar “setenta veces siete”… La comunidad o el
“mundo” se distinguen por la presencia (o ausencia) del amor, es decir, por la comunión de vida (o no)
con el Padre y el Hijo.
A continuación, vienen una serie de por lo menos ocho promesas increíbles cuyo fundamento casi único
es esta opción de “amar a Jesús y ser fiel a su Palabra”. La forma futura de los verbos concuerda con la
presencia de Jesús todavía en la historia. Al despedirse de sus Discípulos, aún no está glorificado. Los
está advirtiendo, antes de dejarlos físicamente y volver al Padre: “Yo les digo estas cosas mientras
permanezco con ustedes” (v.25), de lo que va a suceder después de su Muerte y Resurrección. Todas
estas promesas se realizarán después de su “vuelta al Padre”.
1º Promesa: “Mi Padre lo amará” (v.23)
Quien libremente elija amar a Jesús y guardar su Palabra, antes que nada, será destinatario del amor del
Padre. Dios lleva a su cumplimiento, ahora en forma personalizada, aquel amor primero y fundamental:
“Sí, Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único…” (3,16). Lo que en este texto era gracias a la
fe, ahora se concreta gracias al amor y la fidelidad a la Palabra de Jesús. Así lo acababa de decir un
momento antes de que Judas le preguntara: “El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que
me ama; y el que me ama será amado por mi Padre…” (14,21). El amor del Padre no tiene lugar mejor
que en un corazón humano enamorado y fiel a Jesús. En palabras de Jesús, dirá más adelante Jn: “él (el
Padre) mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios” (16,27).
2º Promesa: “Iremos a él” (v.23)
Esta promesa parece invertir el movimiento esbozado en 14,2-3 de los discípulos llevados por Jesús hacia
el Padre: “en la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones… y cuando haya ido y les haya preparado un
lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo…”. Ahora, es el Padre el que viene junto con Jesús al
discípulo amante y fiel. Queda superada la separación entre el hombre y Dios, y la búsqueda de la que
hablaba Jesús en 13,33 “ustedes me buscarán” se ve colmada por el mismo Padre. Lo increíble es que la
presencia de Jesús resucitado en el creyente que ame y sea fiel llevará también consigo la presencia del
Padre.
3º Promesa: “Habitaremos en él” (v.23)
El amor del que ama y es fiel a Jesús no sólo atrae al Padre y al Hijo “iremos a él”, sino que los hace
quedar. Estamos frente a un verbo muy querido y típico del Cuarto evangelio: el “permanecer” o “hacer
morada” se repite muchísimas veces.
Hay casos en los que el “permanecer” se refiere al Padre: “el Padre que permanece en mí es el que
realiza las obras” (Jn 14,10-11), lo cual significa la reciprocidad de presencia entre Dios Padre y Jesús,
por la unión o unidad operativa de las acciones. Pero más específicamente en relación al amor, como en
este caso que estamos leyendo hoy, lo afirma la primera carta de Juan: “quien guarda sus mandamientos
permanece en Dios y Dios permanece en él” (1Jn 3,24) o “a Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos
unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud... Quien confiese
que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios... Dios es Amor y quien permanece en el
amor permanece en Dios y Dios permanece en él” (1Jn 4,12-16). Las condiciones para la habitación de
Dios en los creyentes, entonces, son la profesión de fe en Jesucristo y la caridad recíproca.
Pero también hay otros casos en los que el “permanecer” se refiere al Hijo, primero físicamente como
cuando dice: “llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que permaneciera con ellos. Y se quedó allí
dos días” (Jn 4,40) o “Y habiéndoles dicho esto permaneció en Galilea” (7,9) o “se quedó allí con sus
discípulos” (11,54) que es el sentido del v.25 del texto de hoy: “Yo les digo estas cosas mientras
permanezco con ustedes”. Sin embargo, hay otro sentido mucho más trascendente y espiritual que es el
que aparecen, por ejemplo, en 6,56: “el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo
permanezco en Él” o en 15,4-7: “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el
sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid; tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy
la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo permanezco en él, da mucho fruto, porque
separados de mí nada pueden hacer... Si ustedes permanecen en mí, y mis palabras permanecen en
ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán”. La permanencia de Jesús puede indicar proximidad local o
cuando es atribuido a valores y bienes salvíficos, significar la relación recíproca de Jesús con sus
Discípulos, en relación con la vida eucarística, la permanencia en su Palabra o la caridad que da fruto.
En este caso, para los que aman a Jesús y guardan fielmente su Palabra (que en definitiva es la del Padre)
se les promete la permanencia de ambos: la del Padre y la del Hijo glorificado.
4º Promesa: “El Padre enviará en mi Nombre al Paráclito, al Espíritu Santo” (v.26)
Para los creyentes, después de la glorificación de Jesús, comienza el “tiempo del Espíritu”. Al llegar a los
discursos de despedida, nos encontramos con una amplia presentación de la figura del Espíritu Santo y,
solamente en esta parte del Cuarto evangelio, bajo el título de “Paráclito”. Hay cinco fragmentos en estos
discursos donde se habla del Espíritu Paráclito: uno anterior al texto de hoy (14,15-17) y tres posteriores
(15,26-27; 16,7-10 y 16,13-15).
La palabra griega parákletos, derivada del verbo compuesto por la preposición “pará” (“junto a” o “al
lado de”) y la raíz verbal “kaléō” (“llamar”), quiere decir “el que es llamado para estar junto o al lado
de”. Esta es la primera misión, dada ya desde su mismo nombre, de lo que implicaría el Espíritu para “el
que ame a Jesús y guarde su Palabra”. El uso corriente del término fue utilizado para designar al que
asistía aconsejando o ayudando en cuestiones legales. Sería el "intercesor", el "representante" o el
"ayudante"; los Padres lo tradujeron con el latino “advocatus” (“abogado”). Su aplicación al Espíritu
Santo es propia del evangelista Juan, sólo en los discursos de despedida, y sin ningún antecedente en el
Antiguo Testamento ni en la literatura del judaísmo helenista. Juan presenta al Paráclito como el Espíritu
Santo en un cometido especial, concretamente, como la presencia personal de Jesús junto a los cristianos.
Mientras Jesús permanece junto al Padre, en su Nombre (sería “en lugar de” Jesús), el Espíritu permanece
junto al que ama a Jesús.
Antes de volver al Padre, Jesús promete a la comunidad no dejarlos huérfanos (14,18) y rogar al Padre
para que envíe a Alguien que estuviera junto a ellos para siempre: “Yo rogaré al Padre, y él les dará otro
Paráclito para que esté siempre con ustedes” (14,16). Después de su retorno al Padre, Jesús asegura que el
Padre “enviará en su Nombre” otro Paráclito, porque Jesús fue el primero. Notemos, pues, que casi todo
lo que se dice del Paráclito, en otros pasajes de Juan, se aplica explícita o implícitamente a Jesús. Como el
Paráclito, también Jesús vino al mundo (5,43; 16,28; 18,37). El Paráclito procede del Padre (15,26), Jesús
salió del Padre (7,29). El Padre dará el Paráclito (14,16), el Hijo fue dado por el Padre (3,16). El Padre
envía al Paráclito, el Hijo fue enviado por el Padre (3,17). El Paráclito es enviado en nombre de Jesús,
Jesús fue enviado en nombre del Padre (5,43). Habiendo venido en nombre del Padre, Jesús no habló “por
sí mismo” (14,10.24) sino según la enseñanza recibida del Padre; a su vez, el Paráclito no transmite una
doctrina que le es propia, sino la que oye de Jesús. Por eso la función iluminadora del Paráclito se basa en
su envío por el Padre en nombre de Jesús. Este “envío” del Espíritu se indica con el mismo verbo del
“envío” referido al Hijo (v.24).
5º Promesa: “El Paráclito, el Espíritu Santo les enseñará todo” (v.26)
Al acercarse la hora de la Pasión, Jesús ya no hablará mucho más con sus discípulos. Pero la comunidad
no queda librada a la fuerza de su propia memoria para recordar lo dicho y hecho por Jesús. El Paráclito
tiene una función didáctica ilimitada: Él mantendrá vivas las palabras, gestos y acciones de Jesús en la
comunidad, primero enseñando y luego recordando.
Durante el tiempo que permaneció con sus discípulos, Jesús les enseñó muchas cosas, pero su revelación
no pudo ser captada en toda su profundidad: “Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no
las pueden comprender ahora” (Jn 16,12). Para que pudieran penetrar en el sentido de las palabras de
Jesús sería necesaria la actividad docente del Paráclito.
En el evangelio de Jn “enseñar” designa la acción por la que Dios se revela o Jesús proclama la revelación
en lugares sagrados. Por esta razón, la enseñanza es presentada como una obra divina, y es realizada sólo
por sujetos “divinos”: el Padre (8,28), Jesucristo (6,59; 7,14.28; 8,20) y el Paráclito. Nunca se dice que
otros sujetos “enseñen”, como tampoco que Jesús enseñe en un lugar que no sea la Sinagoga o el Templo:
“Cuando el Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza, Jesús le
respondió: «He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se
reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto»” (18,19-20).
6º Promesa: “El Paráclito, el Espíritu Santo les recordará lo que les he dicho” (v.26)
Por otro lado, la función de “recordar” implica mucho más que un simple volver a la memoria. Indica una
reflexión, una comprensión más profunda o una toma de conciencia de su significado más pleno. Los
discípulos, antes de la glorificación de Jesús, no habían entendido el sentido de las palabras y los gestos
de Jesús, ni de su relación con las Sagradas Escrituras: “cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron
que él había dicho esto (se refería al Templo de su Cuerpo), y creyeron en la Escritura y en la palabra que
había pronunciado” (2,22). “Al comienzo, sus discípulos no comprendieron. Pero cuando Jesús fue
glorificado, recordaron que todo lo que le había sucedido era lo que estaba escrito acerca de él” (12,16).
Será tarea del Paráclito hacerles recordar y comprender todas estas cosas, de modo pleno.
Por lo tanto, la enseñanza del Paráclito, ligada a la función de recordar, no constituye una nueva
revelación, sino una profundización en “todo” lo que Jesús ha dicho y ha hecho para revelar al Padre, y
que en su tiempo, los discípulos no entendieron suficientemente. El Paráclito estaría garantizando la
continuidad por una parte, entre lo que Jesús realizó y fue proclamado por los primeros discípulos, y por
la otra entre lo que alcanza a comprender la comunidad del Cuarto Evangelio y nosotros. Así, estas
promesas del Paráclito abren, también, nuevas perspectivas para la comunidad cristiana de los siglos
posteriores. La revelación del Padre realizada por Cristo no está destinada a ser repetida mecánicamente y
de la misma forma todos los días hasta el fin del mundo; sino que debe ir profundizándose y aclarándose a
medida que el Paráclito permite contemplarla bajo nuevas luces y en circunstancias diversas. Para llegar a
una mayor penetración del misterio, el Paráclito ayudará a ver el alcance que tienen las enseñanzas del
Señor en las situaciones que se vayan presentando en el futuro.
7º Promesa: “Les dejo la paz, les doy mi paz” (v.27)
Las primeras palabras de Jesús Resucitado a sus discípulos fueron: “La paz esté con ustedes” (Jn
20,19.21.26). No es sólo un saludo y ni siquiera un sencillo deseo: es un don que les deja como herencia.
Él está donando su propia paz como fruto de su Pascua. Se trata del don precioso que Cristo ofrece a sus
discípulos después de haber pasado a través de la muerte y de los infiernos. Después de resucitar, tal
como lo había prometido en el texto de hoy, comparte una paz que no es cualquier paz sino la del
Resucitado: “Les dejo la paz, les doy mi paz”. El Hijo dispone de la paz que, según la Biblia, sólo Dios
puede conceder (cfr. Lev 26,6; Sal 29,11b; Is 66,12; Jr 33,9).
En el mensaje del Papa Francisco del Domingo de la Divina Misericordia decía: “Esta paz es el fruto de
la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y es precisamente así: la verdadera paz,
esa paz profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios”.
Esta paz pascual será, entonces, la que hace posible vivir aquella bienaventuranza que el mismo Jesús
había anunciado: “Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos” (Mt 5,9). No se
puede ser constructores de paz sin antes recibirla como don del Resucitado. “Su paz” es la que nos
habilita a construir la paz. Vivir la fe conlleva una clara y decidida opción por la paz. No se puede decir
“soy discípulo/a de Jesús” e ir regando amenazas de guerra y violencia con palabras, con gestos, con
miradas o con acciones por todas partes.
La paz de Cristo “en nosotros” no es ausencia de problemas, serenidad en la vida, ni sinónimo de
prosperidad...Ella es plenitud de todo bien y, ante todo, ausencia de temor frente a lo que puede venir:
“¡No se inquieten ni teman!”. Jesús, como lo hiciera Moisés a Josué ante la tarea que le aguardaba: “no
temas, no te asustes” (Dt 31,8), intenta exorcizar el miedo de los Discípulos. El Señor no nos asegura el
bienestar, sino la plenitud de la filiación en una adhesión amorosa a sus proyectos de bien por nosotros.
Había que llevar la obra del Hijo en medio del mundo. La paz la poseerán quienes hayan aprendido a
fiarse de lo que el Padre elige para cada uno, sin miedos.
8º Promesa: “Volveré a ustedes” (v.28)
No es la primera vez que Jesús hace esta promesa: “Me han oído decir”. Acababa de decir: “No los
dejaré huérfanos, volveré a ustedes” (14,18), como antes había afirmado a propósito de irse a preparar las
“muchas habitaciones” o modos de relacionarse íntimamente con el Padre: “Y cuando haya ido y les haya
preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también
ustedes” (14,3).
Sin embargo, junto a esta promesa de volver, Jesús insiste -como al principio de este texto- pero ahora
con cierto tono de reclamo, sobre el amor. “Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al
Padre”. El amor debe traducirse en gozo. La Pascua de Jesús significa la salvación plena de Dios para el
que la quiera recibir. Si comprendieran que la Pascua conduce a una más profunda y más intensa forma de
presencia de Jesús en la vida personal y comunitaria, surgiría un gozo pleno. Gozo, además, con Él
porque va a ser glorificado y porque vuelve al Padre, el “Dios de su alegría” (Sal 43,4). Parece decirles
que no lo están amando bien. Podríamos completar la frase y parafrasearla así: “Si me amaran, se
alegrarían de que me vuelva junto al Padre, pero como solamente piensan en ustedes, están tristes de que
me vaya”. El amor de los discípulos todavía es un amor mezclado de egoísmos. No aman a Jesús como
Jesús les enseñó a amar; no piensan en Él sino en ellos mismos. Éste es el amor que Jesús nos pide: un
amor capaz de alegrase con la alegría del otro. Un amor capaz de no pensar en sí mismo como el centro
de todo, sino como el buen pastor que es capaz de dar la vida por sus ovejas. Jesús nos invita a salir de
nosotros mismos y a abrirnos a dar, más que a recibir: no se trata de un intercambio, sino del efecto de un
don compartido.
La afirmación de que “el Padre es más grande que yo” debe entenderse en este contexto de que Jesús
va al Padre para ser glorificado. El Padre es mayor porque es el que envía y glorifica a Jesús. Esta
glorificación debía ser la causa de alegría para los discípulos, porque también ellos serán partícipes de la
gloria de Jesús (17,22). Cuando suceda la glorificación de Jesús, ellos no estarán desprevenidos: se las ha
ido anunciando durante todo este largo discurso: “Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando
se cumpla, ustedes crean” (v.29). Jesús conoce las cosas futuras porque es Dios: “Les digo esto desde
ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy” (13,19). Dios es el único que puede
anunciar con anticipación los hechos salvíficos que después se cumplen (cfr. Is 41,22-23) con una sola
finalidad: fundar la fe. Todas estas promesas deben ayudarlos en su fe: todo lo dicho con anticipación es
para fortalecerles la fe.
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
El Espíritu Santo “les recordará lo que les he dicho”. El tema de la memoria, Juan lo toma del Antiguo
Testamento, en particular del Deuteronomio. Allí se trataba de recordar las gestas de Dios: las hazañas del
Éxodo, la Alianza… ¿A la luz de la Pascua, cuáles son los recuerdos que te trae el Espíritu a tu memoria
de la acción de Dios en tu vida o en la de tu comunidad?
“Paz” no significa sólo ausencia de conflictos o tranquilidad del alma, sino también salud, prosperidad y
dicha en plenitud. ¿Qué sentido tiene para vos la promesa de Jesús: “les dejo la paz, les doy mi paz”?
Jesús era el punto de referencia de la vida de los Discípulos, por eso temían que su vuelta al Padre
implicara verse desprotegidos y sin orientación. ¿Qué te sugiere la frase que él desdijo en aquel momento
a los Discípulos temerosos: “no se inquieten ni teman”? ¿Cuáles son tus temores, hoy?
¿En qué debe consistir la alegría pascual? ¿Cómo estoy viviendo el tiempo pascual este año?
¿En qué notas que está flaqueando tu fe? ¿Te sirve de algo saber que Jesús resucitado te hace todas estas
promesas para fortalecer tu fe personal y comunitaria? Recordar y compartir las promesas.
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
A cada intención libre respondemos: “¡danos Señor tu paz!”
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Contemplemos con la letra de la canción: “Donde hay caridad y amor, allí está el Señor” de Joaquín
Madurga (Oratorio de San Felipe Neri)
http://www.youtube.com/watch?v=LTx4yrB0dBM
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Hacer una lista de por lo menos tres ejemplos de los modos concretos en que podes (personal o
comunitariamente) mejor amar a Jesús y “guardar su Palabra”.

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