Material Asamblea 2010 P.D.M

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La Lectio Divina Dominical Domingo 14 de Septiembre de 2014 Domingo XXIV del Tiempo Ordinario -

La Lectio Divina Dominical   Domingo 14 de Septiembre de 2014  Domingo XXIV del Tiempo Ordinario -
TEXTO BIBLICO Mateo 18, 21 - 35 Dale click en la imagen

sábado, 2 de noviembre de 2013

LECTIO DIVINA 31ro. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

PRIMERA LECTURA: Sabiduría 11, 22- 12, 2
SALMO RESPONSORIAL: Salmo 144, 1-14
SEGUNDA LECTURA: 2 Tesalonicenses 1, 11-2, 2

Invocación al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de
su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
Amén

TEXTO BIBLICO: Lucas 19, 1-10
«El hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido»

19,1: Jesús entró en Jericó y atravesó la ciudad, 19,2: allí vivía un hombre llamado Zaqueo,
jefe de recaudadores de impuestos y muy rico, 19,3: Zaqueo intentaba ver quién era Jesús;
pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura. 19,4: Entonces se
adelantó de una carrera y se subió a un árbol para verlo, pues Jesús iba a pasar por allí.
19,5: Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo:
 —Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.
 19,6: Zaqueo bajó rápidamente y recibió a Jesús muy contento.
 19,7: Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador.
19,8: Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
 —Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le
devolveré cuatro veces más.
 19,9: Jesús le dijo:
 —Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también él es hijo de Abrahán.
19,10: Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?


Estudio bíblico del texto.

Aún con cierta continuidad con las lecturas de los domingos pasados, las lecturas ahora nos hablan de la
paciencia de Dios y de la siempre presente posibilidad de aun los más sorprendentes cambios de
corazón, “conversiones.” El Libro de la Sabiduría es quizá el que se escribió por último en el “Antiguo
Testamento,” cerca del tiempo de Jesús. Fue escrito en griego y está muy influenciado por la filosofía
griega (“filosofía” quiere decir “amor a la sabiduría”). Tiene una visión amplia de las cosas, del mundo:
ve el gran panorama. Un efecto de esto es que nos quita la mirada de nosotros mismos, de nuestros
pequeños mundos que creamos y a los que nos aferramos y que a menudo nos aprisionan. Lo que se
traduce “lo que basta a inclinar una balanza” se refiere a esa caída tan ligera de la balanza que hace
difícil decidir lo que el peso exacto es; en otras palabras, es una imagen de la nada. Santa Catalina de
Siena sabía esto bien cuando repetía que Dios es el que es y nosotros lo que no es, y que fijarse aun en
nuestros pecados detrae de la majestad de Dios, que es lo que debe ocupar nuestra atención.

El Señor tiene paciencia. Nos deja equivocarnos, nos educa, o nos disciplina, poco a poco. Pero también
se puede dar esos acontecimientos que cambian la vida, esas últimas oportunidades perdidas, cuando
ese trago de más o esa última apuesta traen la catástrofe. Así que el mensaje es nunca dejar las cosas
urgentes hasta el último momento, sino confiar en Dios y trabajar como si estuviésemos asegurados de
la victoria final. El caso de Zaqueo es sorprendente. Los publicanos, o recaudadores de impuestos, eran
considerados grandes pecadores que extorsionaban y estaban empleados por es poder colonial y
ocupador. A Zaqueo se le llama “¡archipublicano!” Por lo menos éste tiene curiosidad por Jesús, pues se
sube en un árbol. Pero nadie supera al Señor, que se invita a sí mismo a casa de Zaqueo. Hay
murmuraciones de parte de la muchedumbre como siempre, pero algo grande está sucediendo: el
cambio en el archipublicano, que ha decidido reparar el daño que había hecho, y de modo generoso. A
nadie se le excluye del amor paciente de Dios, todos podemos ser salvos. Jesús dice claramente: Hoy a
entrado la salvación a esta casa. (quien había entrado era Él mismo, que es el Salvador de la
humanidad.) De hecho, el Hijo del hombre tiene un interés especial en salvar a los que se les considera
como perdidos. Al final, la diferencia entre esos seres humanos que supuestamente cuentan y los que
no, no es tan grande, es como el rocío matinal que se evapora.

Reconstruyendo el Texto bíblico:

1. ¿Cómo comienza el texto bíblico? ¿Por dónde estaba atravesando Jesús?
2. ¿Quién vivía en esa ciudad?
3. ¿Quiénes son los que están queriendo ver pasar a Jesús? ¿Entre esa multitud, quién era un
pecador público que quería ver a Jesús? ¿qué es lo que le impide ver a Jesús?

4. ¿Qué hace este hombre para vencer el obstáculo que le impide ver a Jesús?
5. ¿Cuándo pasa Jesús qué hace con este pecador?
6. Entrando Jesús a la casa de este pecador, ¿qué dice la gente?
7. ¿Qué dice el Pecador: sus palabras están divididas en dos partes? ¿Cuáles?
8. ¿Qué cosas reparará para mostrarse arrepentido?
9. ¿Cómo responde Jesús? ¿Por qué dirá que “hoy ha llegado la salvación a esta casa”?
10. ¿Qué significa que “el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba
perdido?


MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?


Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:

Este texto tan conocido de Zaqueo, nos debe ayudar a reflexionar sobre nosotros mismos cuáles son las
cosas en las que nos parecemos a este publicano y cuáles todavía nos falta para la conversión.

1. Este paso de Jesús por la ciudad, puede ser como el paso de Jesús por mi vida ¿Estoy
atento al paso de Jesús? ¿Soy consciente que él viene a mi vida?
2. Zaqueo tenía obstáculos para no ver a Jesús y pudo quedarse tranquilo, sin embargo, aún
siendo una figura pública venció el obstáculo de ser bajito subiéndose a un árbol. ¿soy
capaz de vencer los muchos obstáculo que hay siempre en mi vida para poder
encontrarme con el Señor? ¿Dejo que los obstáculos me venzan finalmente? ¿Cómo
puedo hacer para poder superar los obstáculos?
3. Jesús me mira como a Zaqueo, son consciente que Él quiere venir conmigo, que es Él
quien me busca? ¿Me dejo encontrar por Jesús? ¿Le pongo excusas… hoy no pero
mañana tal vez…?
4. Cuando Jesús entra en mi vida, yo debo hacer un análisis muy serio de la cantidad de
cosas que acumulo pensando que me daban tranquilidad, seguridad y felicidad. Sin
embargo ahora con Jesús sobran. ¿Puedo identificar estas cosas? ¿Soy capaz de
deshacerme de muchas cosas que me estorban en mi relación con Jesús?
5. La muchedumbre murmuraba sobre Jesús, estaban enojados porque iba a la casa de un
pecador. ¿También yo me enojo y murmuro contra los cristianos que saben superar los
prejuicios para ir a atender las necesidades de gente que tal vez yo crea condenada?
¿Quién soy yo para condenar?
6. Si yo dejo entrar verdaderamente a Jesús, ¿podré escuchar “hoy ha entrado la salvación a
esta casa?

7. ¿Estoy dejando actuar a Jesús que viene a buscar y salvar lo que se había perdido?
¿Cuándo me pierdo en la vida? Podré escuchar la voz del Señor que ha venido a
buscarme.
8. ¿Tengo la humildad suficiente para reconocer mis errores y disculparme ante los demás y
ante Dios para recibir su perdón?

ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?


Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora.
Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:


Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.
Me siento como Zaqueo, quiero verte… pero tengo tantos obstáculos.
Debo pedirte perdón, porque mirando en el camino de la vida, los obstáculos han sido muchos, y en
tantas oportunidades yo he cedido a ellos. Los obstáculos me han impedido encontrarte, y yo no
hice nada para vencerlos.
Siento en estos momentos tu mirada amorosa sobre mí, tú vienes a buscarme, tú vienes a
encontrarme. No te importa mi pecado, sino más bien, si soy capaz de recibirte de verdad. Cuando
te reciba, habrá oportunidad para un sanear mi situación. Gracias por fijarte en mí, a pesar de mis
muchos errores.
¡Cuántas cosas me sobran! Eso me doy cuenta, porque puse la confianza en lo material, pero me
doy cuenta que sólo Tú llenas mi corazón. Quiero que me ayudes a liberarme de lo que a mí me está
estorbando para nuestra relación. Quiero deshacerme de todo lo que me impide ser feliz.
Gracias por venir a mi vida, a traer la salvación, a venir a buscarme cuando estoy perdido.
Gracias Señor

Amén


CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?


Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para
que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.

el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido
(versículo 10)


Y de esta forma nos ponemos en contemplación

ACCION: ¿A qué me comprometo?

Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.

Si estoy solo, volver a leer este texto, haciendo un profundo examen de conciencia sobre cómo llega el
Señor a buscarme y no siempre estoy preparado. Mi oración debe llevarme a descubrir que Jesús me
busca. Y como acto claro y decidido voy a buscar entre mis cosas, algo que quiera desprenderme y
dárselo a los más pobres.

En el grupo proponerse una actividad externa en que mostremos que sí estamos aceptando a Jesús y
por eso queremos demostrarlo. Podría ser anunciar en la parroquia anticipadamente que estaremos
este domingo haciendo una colecta de ropa y alimentos para llevarla a algún lugar que sea necesario.
Puede ser un hospital, un asilo de ancianos, un dispensario. Pero hacer esta actividad no para
desprenderse de cosas viejas e inútiles, sino para dar de lo que tenemos y que queremos compartir
como gesto que Jesús está con nosotros y es nuestra salvación.


miércoles, 23 de octubre de 2013

                                        Lucas 18,9 - 14  


        La parábola del fariseo y el cobrador de impuestos 

  Jesús contó esta otra parábola para algunos que, seguros de sí mismos por considerarse justos, despreciaban a los demás:

 10«Dos hombres fueron al templo a orar: el uno era fariseo, y el otro era uno de esos que cobran impuestos para Roma. 11El fariseo, de pie, oraba así: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos. 12Yo ayuno dos veces a la semana y te doy la décima parte de todo lo que gano.” 13Pero el cobrador de impuestos se quedó a cierta distancia, y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” 14Les digo que este cobrador de impuestos volvió a su casa ya justo, pero el fariseo no. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.»

LECTURA
¿Qué dice el texto?
Algunas preguntas para ayudarte en la lectura atenta… 
¿Por qué Jesús cuenta esta parábola? ¿Qué diferencias encuentra entre la actitud que asume el fariseo y el publicano, al momento de orar?, ¿Qué le pasa al que a sí mismo se engrandece? 
 Algunas consideraciones para una lectura provechosa… 
 El texto de hoy continúa con la enseñanza sobre la oración que había iniciado en el evangelio del domingo pasado con la parábola del juez injusto y la viuda. Esta vez la enseñanza es sobre la necesidad de la humildad en la oración y la respuesta de Dios a esta actitud humilde. 
 Como en la parábola anterior, también aquí encontramos tres partes, 
   una introducción (v.9),                       la parábola (vv.10- 13)                       y la aplicación (v.14). 
 La introducción muestra el motivo por el cual Jesús enseña: hay quienes se tienen por justos y desprecian a los demás. Sin embargo, Jesús que no excluye a nadie, usa la parábola para confrontar su manera de actuar. Los personajes de la parábola son percibidos por los escuchas como las personas más opuestas: los fariseos eran “los conocedores y cumplidores de la ley”, “los piadosos”, mientras que los cobradores de impuestos eran tenidos por pecadores, estafadores y colaboradores con los odiados romanos. 
 La oración del fariseo comienza bien: da gracias. Sin embargo, aunque sus acciones son buenas, su oración está centrada en que él es el “justo” incomparablemente mejor que “ese cobrador de impuestos”. Su “oración” se convierte en prueba de su vanidad y soberbia. 
 En cambio, el publicano se presenta en el extremo opuesto: él tiene conciencia de su pobreza y que no tiene “méritos” para presentarse ante Dios, esto se expresa por medio de gestos de arrepentimiento (“estaba a distancia”, “no se atrevía a levantar los ojos” y “se daba golpes en el pecho”), como queriendo ablandar un corazón endurecido. 

La oración del publicano es simple: “Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador”. El orante reconoce a Dios, se conoce a sí mismo como “pecador” y clama la compasión, la misericordia y el perdón que son propios de Dios. 
 En la aplicación se revela el tercer personaje de la parábola: Dios mismo que hace justo (justifica) a quien se reconoce humildemente como pecador, pide perdón y se convierte. Sin embargo, el fariseo no está pidiendo nada a Dios porque él mismo ya se cree justo a través de las obras que cumple. La última frase: “por eso todo el que se engrandece a sí mismo será humillado y el que se humilla será engrandecido”, abre la aplicación de la parábola a todos. 
MEDITACIÓN
¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?
Comencemos nuestra meditación con las palabras del Santo Padre Francisco el 14 junio de 2013 en su eucaristía 
matutina: 
 “Sin la humildad, sin la capacidad de reconocer públicamente los propios pecados y la propia fragilidad 
humana, no se puede alcanzar la salvación y tampoco pretender anunciar a Cristo o ser sus testigos. Esto es válido también para los sacerdotes. Y los cristianos siempre deben recordar que la riqueza de la gracia, don de Dios, es un tesoro que se custodia en «vasijas de barro» a fin de que sea claro el poder extraordinario de Dios, del que nadie se puede adueñar «para el curriculum personal»”
Ahora preguntémonos: 
Cuándo oro: ¿Cuál es mi actitud? ¿Reconozco mi fragilidad? ¿Me siento superior a los demás? 
ORACIÓN
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?
Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo.      
Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. 
Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en Ti. 
 Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: 
¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!
CONTEMPLACIÓN
¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?

 Necesito de ti Señor: 
 “Gracias por tu misericordia” 
ACCIÓN
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

El evangelio de este domingo nos invita a reconocernos frágiles y pequeños ante el Señor, pero también a actuar en consecuencia: 
 ¿En qué momentos y con qué personas debo ser más humilde? ¿En mi trabajo pastoral muestro con mi sencillez el rostro de Jesús? ¿Cómo puedo mostrar mi agradecimiento a Dios por todo lo que me concede? 




jueves, 17 de octubre de 2013

LECTIO DIVINA 29no. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C


   «Orar sin cansarse»
                                                                                     
            

                                                                               TEXTO BIBLICO: Lucas 18, 1-8

18,1: Para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, les contó una parábola: 18,2: —Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 18,3: Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival. 18,4: Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 18,5: como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome. 18,6: El Señor añadió: —Fíjense en lo que dice el juez injusto; 18,7: y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? 18,8: Les digo que inmediatemante les hará justicia. Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?
LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Este domingo se nos llama a perseverar en la oración. Las lecturas son bastante sencillas. Amalec era el gran enemigo de Israel (ver Deuteronomio 25:17-19), y es enumerado entre las naciones poderosas que aterraron tanto a Israel cuando éste exploró la Tierra Prometida (Números 13,25-33). De hecho, todo el tiempo que Israel perdió en el desierto fue consecuencia de su miedo y falta de fe en Dios que les había mandado ir a tomar la tierra, que ya habían llegado; ver Números 14; Deuteronomio 1. Nuestra primera lectura trata de la fe y la perseverancia en la oración, representada corporalmente por el mantener las manos alzadas aun cuando otros tienen que sostenerlas (algo parecido al paralítico en Marcos 2 cuyos amigos lo suben al techo, y cuya fe Jesús ve). Fíjense en que Éxodo 17:15-16 habla de la “bandera” de Yahveh como símbolo de su guerra perpetua contra “Amalec.” Así que Amalec representa el mal, y la “bandera” (en hebreo, nes) es la misma palabra que el “mástil” sobre el cual se debía poner la serpiente de bronce que curaba, Números 21:8; Jn 3:14-15.
El salmo 121 nos presenta a la persona acongojada orando, alzando los ojos a los lejanos montes en busca de la ayuda del Señor. Yahveh era un Dios de la montaña, y las montañas eran prueba del poder del Dios que hizo el cielo y la tierra. Dios ni duerme ni se adormenta; nosotros imitamos su vida divina perseverando en la oración, aun cuando estamos cansados y nos dormimos. Teresa de Lisieux a menudo se adormentaba cuando rezaba, pero confiaba en que Dios era un Padre amoroso que miraba con bondad y placer a sus niños mientras dormían.
La parábola del evangelio nos presenta a una viuda bastante latosa, que logra volver loco al juez corrupto con su importunidad. Finalmente lo que alaba Jesús de esta historia de la viuda es su perseverancia, su insistencia en pedir la justicia, aún cuando el juez era un corrupto. Dice que decide hacer la justicia, para que no lo molestara más.
Pero acaso Dios, el Padre que es totalmente justo, no hará justicia con los que claman a Él día y noche.
Por un lado la perseverancia y la insistencia en la oración y por el otro lado la confianza en el Padre Todopoderoso, que hace las cosas a su tiempo, y ama de corazón a aquellos que se fían de Él.
Preguntémonos para reconstruir el texto:
1. ¿Cómo comienza este texto? ¿Cómo y cuánto es necesaria la oración?
2. ¿Cuál es la parábola que les contó Jesús?
3. ¿Quiénes son los personajes de la parábola?
4. ¿Qué es lo que alaba Jesús de la viuda de la parábola?
5. ¿Cómo es el corazón de Dios Padre con sus hijos que se fían de Él?
6. ¿Cuál es la conclusión que sacas de este texto?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:
1. En mi vida, ¿cuánto tiempo dedico a la oración, a la comunicación con Dios?
2. ¿Estoy convencido que orar con mayor fervor, puede ayudarme a mí a conocer más los planes que Dios tiene para mí?
3. Es importante descubrir la diferencia en rezar, o recitar vocalmente, y orar, como respuesta a Dios que se comunica. ¿Con qué frecuencia, en mi vida voy mejorando mi encuentro de oración y mi dedicación al Señor?
4. ¿Tengo verdadera confianza en que Dios puede librarme de todos los males?
5. ¿Hasta dónde yo me pongo en las manos del Señor, o quiero ser justiciero a mi manera?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora.
Gracias porque voy aprendiendo a confiar más en Ti, me doy cuenta que te conozco poco, porque aún cuando me siento cristiano, mi oración necesita un refuerzo.
Te pido Señor que aumentes mi voluntad para vivir confiando en tu amor y en tu justicia.
Señor, que nunca tome la justicia por mis manos, que sea confiado, y que lo aprenda en la oración constante.
Que todos los que me vean, encuentren en mí una persona de oración, de contacto y amistad contigo, que pueda irradiar la luz de santidad y amor hacia los demás.
Gracias Señor.
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.
y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche?. (versículo 8)
Y de esta forma nos ponemos en contemplación
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
Si estoy solo, volver sobre este texto, haciendo un profundo examen de conciencia sobre mi oración y el tiempo, la devoción y la perseverancia en la relación con el Señor. Proponerse una meta de oración diaria y presentársela al Señor.
En el grupo proponerse una actividad externa de oración comunitaria. Pueden invitar a personas de otros grupos a participar. Puede ser una oración por las necesidades de la diferentes familias, por los jóvenes por los estudiantes, por la paz en el mundo y en la comunidad. Y recordarle a la comunidad que la oración es la forma más importante para la comunión con el Señor. Si vienen otras personas, invitarlos a realizar un ejercicio de Lectio Divina comunitario.

viernes, 11 de octubre de 2013

LECTIO DIVINA 28vo. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

                                          
Invocación al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo,
                                       


                                                            

Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
Amén


TEXTO BIBLICO: Lucas 17, 11-19
«Tu fe te ha salvado »


17,11: Yendo Jesús de camino hacia Jerusalén, atravesaba Galilea y Samaría. 17,12: Al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a cierta distancia 17,13: y alzando la voz, dijeron: —Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. 17,14: Al verlos, Jesús les dijo: —Vayan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban de camino, quedaron sanos. 17,15: Uno de ellos, viéndose sano, volvió glorificando a Dios en voz alta, 17,16: y cayó a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Era samaritano. 17,17: Jesús tomó la palabra y dijo: —¿No recobraron la salud los diez? 17,18: ¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero? 17,19: Y le dijo: —Ponte de pié y vete, tu fe te ha salvado.

LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Un tema importante que nos puede dar una perspectiva para leer las lecturas de este domingo es el del extranjero. En la primera lectura, uno que no era israelita, Naamán, de Siria, es curado. El profeta Eliseo no acepta regalo de él, pero el sirio se lleva consigo tierra de la Tierra Santa: se ha vuelto un adorador del Dios de Israel. Jesús, en su primer sermón en su pueblo natal (Lc 4:16-30), dijo que “ningún profeta es aceptado en su tierra natal,” y luego da dos ejemplos de buenas obras hechas a extranjeros por los profetas de Israel: Elías a la viuda de Sidón, Eliseo al leproso de Siria. Esto no les cayó bien a sus conciudadanos, que entonces quieren matar a Jesús.
En la segunda lectura, Pablo está en prisión, pero la Palabra de Dios no está encadenada. ¿Tenemos la tendencia de querer encadenar a Dios y a su Palabra? ¿Restringimos el área en que Dios debe reinar? ¿Hay límites a lo que ponemos a la disposición de Dios?
En el Evangelio, Jesús sana a diez leprosos, todos judíos excepto uno; el único que regresa a darle gracias es un samaritano, un “extranjero” despreciado por los judíos, que ni siquiera les hablaban (ver Juan 4:9). Jesús les había dicho a los leprosos que fueran a mostrarse a los sacerdotes como exigía Levítico 14. Es difícil comprender a dónde pudiese haberse encaminado el samaritano junto con los demás leprosos: no adoraban a Dios en el mismo lugar ni con los mismos sacerdotes. Pero lo que se subraya es que sólo el extranjero hizo lo correcto.
Jesús da a entender que no por pertenecer al pueblo judío está la salvación, porque aquí es muy claro que la salvación Él la ofrece para todos, sin excepciones. Pero pone como condición reconocerlo a Él como Mesías, Señor y Salvador.
Preguntémonos para reconstruir el texto: ¿Hacia dónde se dirigía Jesús y qué lugares atravesaba? ¿Quiénes le salieron al encuentro? ¿Qué es lo que le decían estas personas a Jesús? ¿Qué título le dan a Jesús? ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? ¿Ante quiénes debían presentarse? ¿En dónde está escrito aquello que personas de esta condición debían hacer? ¿Qué hizo el extranjero? ¿Dónde volvió? ¿Qué fue lo que preguntó Jesús? ¿Qué fue lo que le dijo Jesús al extranjero?

MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Hoy en día hay un gran debate mundial sobre la inmigración. Las lecturas de este domingo nos llaman a ser más libres con el extranjero, más compasivos. En la mayoría de nuestros países ocupamos la tierra que perteneció a otros, hemos dado la bienvenida y atraído a grandes mentes y talentos para enriquecer a nuestras sociedades, quizá empobreciendo a otras naciones. Ahora sabemos que hay personas muy humildes y pobres en nuestros países que hacen trabajos muy duros que otros no quieren hacer, dando un ejemplo de austeridad, mientras envían ayudas económicas a seres queridos aun más necesitados. ¿Qué nos inspiran a pensar las lecturas de hoy?
Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:
1. ¿Estoy consciente que Jesús pasa por mi vida, por mi camino?
2. ¿Reconozco a Jesús, el maestro? ¿Qué quisiera decirle?
3. ¿Cuáles son aquellas cosas que no han sido curadas en mi vida, en mi mente, en mis recuerdos, en mi espíritu? ¿Podría reconocer estas cosas?
4. ¿Soy capaz de acercarme al Señor Jesús y decirle: Jesús, maestro, ten piedad de mi?
5. ¿Alzo la voz para que el Señor, el Maestro me escuche? ¿Mi oración es tan interna que ni siquiera yo la escucho….?
6. ¿Qué significaría hoy el gesto de ir a presentarse a los sacerdotes? ¿Podríamos hacer una paráfrasis, y reconocer también la necesidad del sacramento de la reconciliación para presentarme ante el Señor?
7. ¿Soy agradecido con el Señor? ¿O mi vida es un sinfín de porqués que no entiendo? ¿Puedo ver todo lo que Él me regala, me ayuda, me conduce?
8. ¿Reconozco los dones del Señor? ¿Qué hago con lo que tengo para ponerlo al servicio de los demás?
9. ¿Entiendo que Jesús pone la fe, como necesaria para curarse?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora. Gracias por todos los dones que me has dado. Por la vida, por la salud, por el conocimiento que tengo de Ti y porque te reconozco como Maestro. Dame Señor la gracia que también pueda yo decir: ¡Ten piedad de mí!

Que sea humilde, que reconozca todo lo que me falta para poder vivir de acuerdo a tu proyecto de amor. Dame fuerza para alzar mi voz, para reconocerte públicamente como el Señor, el Maestro, el dueño de la vida. Gracias porque has venido a limpiarme de mis impurezas, porque el enemigo que me engaña y me ata con sus confusiones, ya no tiene fuerza sobre mí, porque tu Palabra Salvadora me limpia, me purifica y me lleva a estar con mis hermanos, en la Iglesia. Gracias Señor.
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.
Jesús, Maestro, ten piedad de mí. (versículo 13)
Y de esta forma nos ponemos en contemplación
ACCION: ¿A qué me comprometo?


Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
Si estoy solo, volver sobre este texto, haciendo un profundo examen de conciencia sobre las cosas que son impuras en mi vida, y que me enferman. Ponerlas ante el Señor y agradecerle la salud y la limpieza del corazón. Para esto, será importante como acción visitar personas que estén enfermas o necesitadas de una palabra de aliento. Así como el Señor gastó su vida y su tiempo por nosotros, hacer lo mismo, dando de nuestro tiempo a los demás.
En el grupo proponerse una actividad externa para demostrar que sí se ha entendido este texto y estamos cambiando. Ya que habla de enfermos, buscar a los enfermos o personas que no puedan salir de sus casas y hacerles una visita, ir a orar con ellos, como comunidad de jóvenes, no dejemos desamparados a nuestros más débiles de la comunidad y acompañarlos animándolos espiritualmente. Posiblemente, si no exista un ministerio especial en tu parroquia o movimiento, busca la forma de crear

martes, 24 de septiembre de 2013

26to. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C TEXTO BIBLICO: Lucas 16, 19-31

     «Recibiste bienes en la vida y Lázaro males
                 Ahora tú sufres y    él goza »


16 ,1 : A los discípulos, Jesús, les decía:
16 ,19 : Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y todos los días hacía espléndidos 
banquetes.16 ,20 : Echado a la puerta del rico había un pobre cubierto de llagas llamado Lázaro,
16 ,21 : que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las 
heridas.
16 ,22 : Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron.
16 ,23 : Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a 
Lázaro a su lado.
16 ,24 : Lo llamó y le dijo:
—Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me 
refresque la lengua; pues me torturan estas llamas.
16 ,25 : Respondió Abrahán:
—Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es 
consolado y tú atormentado.16 ,26 : Además, entre ustedes y nosotros se abre un inmenso abismo; de 
modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta ustedes ni pasar desde allí 
hasta nosotros 
16 ,27 : Insistió el rico:
—Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, 16 ,28 : donde tengo cinco hermanos; que les 
advierta no sea que también ellos vengan a parar a este lugar de tormentos.
16 ,29 : Le dice Abrahán:
—Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen.
16 ,30 : Respondió:
—No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán.
16 ,31 : Le dijo:
—Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso.
BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO

LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto.
Las lecturas este domingo continúan con el tema de la riqueza y la pobreza: específicamente, 
condenando al rico que es presentado como típicamente sin cuidado por el pobre y explotándolo, y 
confortando a pobre infeliz por quien el Señor tiene un cuidado especial. 
La lectura de Amós es una sátira mordaz contra las frivolidades de los ricos, inconscientes del desastre 
que está por caerles. El salmo expresa la vigilancia de Dios por todas las categorías de los 
desfavorecidos: los trabajadores extranjeros (residentes en Israel, los guerim), las viudas y los huérfanos. 
La lectura de 1 Timoteo, que sigue a lo de “el amor al dinero es la raíz de todos los males,” exhorta al 
joven Timoteo a que rechace esas cosas y a que se mantenga en la santidad.
Hay muchas cosas que señalar en la parábola del rico y Lázaro, especialmente los contrastes. El 
rico no tiene nombre (su nombre no es ‘Epulón’, que es un adjetivo que significa que banqueteaba 
mucho; en inglés también se le quiere llamar ‘Dives’, que significa “rico”). Es precisamente la intención 
de Lucas mostrar cómo las cosas son al revés con Dios: en el mundo son los ricos los que llevan grandes 
nombres; aquí el que tiene nombre es el miserable Lázaro. El rico come suntuosamente, sin que le 
preocupe Lázaro que está a su puerta, y que a su vez ¡le da de comer a los perros que lamen sus llagas! 
Al morir, Lázaro es llevado por los ángeles al seno de Abraham (ver Lc 13:28-30); el rico simplemente es 
enterrado. Sus lotes son invertidos en el más allá. El rico es atormentado, mientras que Lázaro es 
consolado, y ya no pueden cambiar las cosas. La razón que se da no es particularmente ética; no se dice 
que el rico fuese malo y que Lázaro fuese bueno. Sólo se da una inversión, un cambio de suerte muy 
escueta, semítica, bíblica, escatológica, muy querida por Lucas: el rico ya había recibido su premio en la 
tierra, mientras que Lázaro había sufrido. Al final, cambian los lugares que ocupamos, los primeros serán 
los últimos (ver Lc 1:52-53; 6:20-26). A Lucas no le interesa hacer finas, apologéticas distinciones acerca 
de lo que es ser rico, pero ‘sin estar apegado a la riqueza’. La mera coexistencia de la opulencia junto a 
la miseria (que tenemos a la puerta) basta para condenar al rico.
La conclusión de la parábola nos advierte contra esperar una manifestación extraordinaria, milagrosa, 
de la voluntad de Dios: nos basta una lectura sincera de la Sagrada Escritura, como era el caso para los 
hermanos del rico.
Preguntémonos para reconstruir el texto:
1. ¿Quiénes son lo personajes de la historia que narra Jesús? ¿Qué hace cada uno?
2. ¿Qué sucede al fin de los días de los personjes? ¿Hacia dónde van?
3. ¿Qué sucede con el rico, qué es lo que desea?
4. ¿Qué otro personaje del Antiguo Testamento aparece en la escena?
5. ¿Cuál es la distancia que los separa en la otra vida?
6. ¿Qué es lo que pide el rico? ¿Se podrá convertir alguien si un muerto revive y va a 
contarles?
7. ¿Qué es lo que basta conocer para llegar a la morada Eterna del Padre?

MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Este es otro texto clave del evangelista Lucas. Debemos hacernos unas preguntas para profundizar en 
nuestra vida estas palabras de Salvación:
1. ¿Hasta qué punto yo me doy cuenta de las necesidades de las personas que me rodean?
2. ¿Estoy atento a estas personas? ¿Puedo brindarles ayuda, colaborar con su bienestar?
3. ¿En qué puedo identificarme con la narración que hizo Jesús?
4. ¿Soy consciente que en la Biblia yo puedo encontrar todo lo necesario para entender la 
Salvación? ¿Acepto que la Biblia es Palabra de Dios, y por lo tanto Palabra para mi 
salvación?
5. ¿Con qué frecuencia me dedico a la lectura y oración con la Biblia?
6. ¿Entiendo que “escuchar” la Palabra, meditarla, llevarla a mi vida es lo que me dará a mí 
la seguridad de ir por el camino correcto?

ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. 
Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora. Gracias por que nos recuerdas a cada momento 
que esta Palabra es vida en abundancia.
Señor, que no seamos indiferentes a tu Palabra. Que queramos escucharla, vivirla, 
practicarla.
Te pedimos que nos ayudes a ver a nuestros hermanos, especialmente a aquellos que más 
sufren. Danos entrañas de amor para con cada uno. Danos la posibilidad de ser generosos 
con lo que tenemos. En especial nuestro tiempo, nuestra dedicación, y compartir los 
bienes para poder estar siempre disponibles a que tu Palabra sea vida en nuestra vida.
Hacemos nuestra la oración del Salmo 119:
119 ,1 : Dichosos los de conducta intachable, que siguen la voluntad del Señor.
119 ,2 : Dichosos los que guardan sus preceptos, y lo buscan de todo corazón;
119 ,3 : los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.
119 ,4 : Tú mandaste que tus decretos se observen exactamente.
119 ,5 : Ojalá estén firmes mis caminos para cumplir tus órdenes.
119 ,6 : Entonces no quedaré defraudado al fijarme en tus mandatos.
119 ,7 : Te daré gracias con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos.
119 ,8 : Quiero cumplir tus órdenes ¡No me abandones, oh Dios grande e inmortal!
119 ,9 : ¿Cómo limpiará un joven su sendero? —Observando tu palabra.
119 ,10 : Te busco de todo corazón: no me desvíes de tus mandatos.
119 ,11 : Guardo en mi corazón tu promesa para no pecar contra ti.
119 ,12 : ¡Bendito eres, Señor!, enséñame tus normas.
119 ,13 : Mis labios recitarán todo lo que manda tu boca.
119 ,14 : En el camino de tus preceptos disfruto más que con cualquier fortuna.
119 ,15 : Voy a meditar tus decretos y a fijarme en tus senderos.
119 ,16 : Me complazco en tus órdenes: no me olvido de tus palabras.
119 ,17 : Cuida de tu servidor y viviré para cumplir tu palabra.
119 ,18 : Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu ley.
119 ,19 : Soy peregrino en la tierra: no me ocultes tus mandatos.
119 ,20 : Mi vida se consume deseando siempre tus mandamientos.
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo final de este
Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.
Ahora él es consolado y tú atormentado 
—Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen.
Y de esta forma nos ponemos en contemplación solicitando al Señor la posibilidad de ser humildes.
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
Si estoy solo, me propongo hacer un verdadero análisis de conciencia. Sobre las personas que están a mi 
alrededor y realizar alguna acción que sea para compartir con los demás mi tiempo, y si es necesario mis 
bienes. También una propuesta de lectura más asidua de la Sagrada Escritura, haciendo Lectio Divina.
En el grupo proponerse una actividad que muestre que de verdad estamos escuchando la Palabra del 
Señor. Visitar enfermos en un hospital, ayudar a personas necesitadas y por sobre todas las cosas 

enseñarles a los demás a orar con la Biblia.

martes, 17 de septiembre de 2013

25to. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C TEXTO BIBLICO: Lucas 16, 1-13

« No pueden ustedes servir a Dios y al dinero»





16,1: A los discípulos, Jesús, les decía:
—Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando 
sus bienes. 16,2: Lo llamó y le dijo:
—¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no 
podrás seguir en tu puesto.
16,3: El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? 
Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. 16,4: Ya sé lo que voy a hacer 
para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa.
16,5: Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero:
—¿Cuánto debes a mi señor?
16,6: Contestó:
—Cien barriles de aceite.
Le dijo:
—Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. 
16,7: Al segundo le dijo:
—Y tú, ¿cuánto debes?
Contestó:
—Cuatrocientos quintales de trigo.
Le dice:
—Toma tu recibo y escribe trescientos.
16,8: El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado.
Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la 
luz.
16,9: Y yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se 
acabe, ellos los reciban en la morada eterna.
16,10: El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es 
deshonesto en lo mucho. 16,11: Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les 
confiará el legítimo?
16,12: Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a 
ustedes?
16,13: Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: porque odiará a uno y 
amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y 
del dinero.

BIBLIA DE NUESTRO PUEBLO






LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto.
Las lecturas de este domingo tienen que ver con nuestra responsabilidad para con los pobres. En 
la primera lectura, Amós sobresale entre los profetas por sus denuncias de los abusos cometidos por las 
clases altas de Israel en un tiempo en que había gran prosperidad (y un esplendoroso culto), pero cuyas 
“gotas” no caían sobre los más pobres (en inglés hay una noción que cuando les va bien a los ricos su 
prosperidad por fuerza ‘goteará hacía los más pobres’). Pero eso no es así. El salmo refleja un misterio 
bíblico: que el Dios altísimo se preocupa con los más humildes de los seres humanos (ver Is 57:15; cf. Mt 
25:40, 45), y los levantará a su tiempo. La lectura de 1 Timoteo tiene que ver con el buen orden de la 
sociedad y del mundo. No puede haber coexistencia pacífica a menos que haya justicia; hacia el final de 
esta carta, se dirá que las rencillas y los disturbios tienen mucho que ver con la avaricia, y que “el amor 
al dinero es la raíz de todos los males,” 1 Tm 6:3-10.
El mayordomo de la parábola en Lucas fue acusado de derrochar la propiedad de su patrón (se 
usa el mismo verbo para derrochar en la parábola del hijo pródigo en Lc 15:13). No queda claro si el 
mayordomo estaba renunciando a su comisión cuando reducía lo que se le debía a su patrón, o si estaba 
derrochando aún más la propiedad de su amo (a lo que se refiere dos veces), que parece más verosímil. 
En cualquier caso, es su actitud atrevida y extravagante hacia las riquezas, una suerte de desapego, si se 
quiere, lo que alaba Jesús, y hasta el mismo patrón. Hace falta imaginación y valor en este mundo: la 
riqueza y el dinero deben usarse con creatividad para el bien de los demás, especialmente los más 
pobres. ¡Cuánta ingenuidad no tenemos para asuntos militares y para lo que nos interesa, y cuán poco 
para alimentar y educar a los más necesitados! Debemos ser fieles en todo. Pero esto significa servir a 
Dios con un corazón no dividido. Y el competidor más grande que tiene Dios, llamado aquí por nombre 
en un caso único, es “mamón” (el nombre de una divinidad pagana y obviamente este mal uso del 
dinero es una idolatría), la palabra aramea que usaba Jesús para la riqueza, la propiedad y la ganancia. 
En los evangelios siempre tiene un significado negativo, como es el caso en los demás escritos de la 
época. 
Preguntémonos para reconstruir el texto:
1. ¿A quiénes se dirigió Jesús y cómo fue la parábola que les dijo?
2. ¿Qué hacía el hombre de la Parábola?
3. ¿Cómo va ganándose a los deudores de su patrón?
4. ¿Cuándo el patrón se dio cuenta, ¿qué es lo que dijo?
5. ¿Qué explicación da Jesús sobre los hijos de este mundo? ¿Qué deberíamos aprender?
6. ¿Cómo se refiere Jesús a la fidelidad?
7. ¿Cómo termina el texto? ¿Cuál es la frase o la idea principal que quiso dejar Jesús?
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Este es otro texto clave del evangelista Lucas. Debemos hacernos unas preguntas para profundizar en 
nuestra vida estas palabras de Salvación:
1. Jesús pone un ejemplo de un administrador infiel, pero que era astuto. ¿Podría yo ser un 
administrador de las cosas de Dios como este de la parábola? 
2. ¿Hasta qué punto mi fidelidad a Dios me lleva a ser recto en todo momento, aún cuando 
no quede bien ante los demás?
3. ¿Trato de usar la astucia para ser un discípulo misionero?
4. Finalmente Jesús habla de las amistades que se hace ganar este administrador. ¿Qué tan 
sincera es mi amistad para las otras personas? ¿Lo amo, lo respeto, lo cuido por lo que es, 
o por lo que tiene?
5. ¿Brindo mi amistad a los demás lo que yo soy, o por lo que tengo o represento? ¿Cuál es 
mi carta de presentación para con los otros? ¿Qué reconocimiento espero?
6. Realmente ¿construyo amistades cristianas y verdaderas o simplemente compañías 
pasajeras?
7. ¿Cuál es mi verdadero interés para seguir? ¿nos vemos reflejados en el texto? ¿Dónde 
estoy buscando mi felicidad? ¿En las cosas momentáneas, en personas y amistades 
momentáneas?
8. ¿Busco en mis amistades a aquellos con los que realmente puedo construir un puente que 
me lleven al encuentro y seguimiento de Jesús y de allí al Padre?
9. ¿Cuántas riquezas mal elegidas puedo encontrar en mi vida, que usé también para 
comprar cariño, respeto y admiración de otras personas?
Hagamos un momento de silencio y busquemos entre estas preguntas, cuál es la que más me llama la 
atención.
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora. 
Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora. Gracias por permitirme escucharte, aún cuando 
viendo mi interior, no soy el cristiano que tú deseas.
Me siento en algunas ocasiones como este administrador, que buscaba con las cosas y el 
dinero de sus patrones, comprar el afecto y la admiración de otros. Pero… Señor… me 
doy cuenta que esto terminaría muy mal. Te pido perdón por todas estas veces que no 
hice lo que es bueno a tus ojos.
Quiero pedirte Señor Jesús, que abras mi corazón que a veces está tan cerrado, y que me 
hables al corazón como siempre, diciéndome las palabras y los gestos oportunos.
Señor, que todos los bienes que tú me has permitido administrar que los use para tu 
gloria. Que pueda no comprar a la gente para mí, sino que todo se oriente a que pueda ser 
un discípulo y misionero tuyo.
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo final de este
Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.
16,13: Un empleado no puede estar al servicio de dos señores…
Y de esta forma nos ponemos en contemplación solicitando al Señor la posibilidad de ser fieles a Él.
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
Si estoy solo, me propongo hacer un verdadero análisis de conciencia. Ver cuántas veces uso mal los 
bienes que administro. Cuántas veces quiero cambiar cariño, respeto y admiración por intercambio de 
cosas. Y también preguntarse por la fidelidad al Señor. ¿Qué me pide el Señor que cambie en mi vida? 
Propongo algo concreto.
En el grupo proponerse una actividad que pueda mostrar claramente las diferencias en donde buscamos 
la felicidad entre Dios y el dinero. Y poder hacer algo externo para presentar a los otros miembros de la 

comunidad nuestro deseo de cambio, y ofrecerles a otros también la posibilidad de cambiar.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Lectio Divina Dominical – 24to. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

TEXTO BIBLICO: Lucas 15, 1-32
«Habrá más alegría en el cielo por un pecador que se convierte»

15,1: Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a
escuchar. 15,2: Los fariseos y los doctores murmuraban:
—Éste recibe a pecadores y come con ellos.
15,3: Él les contestó con la siguiente parábola:
15,4: —Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las
noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla?
15,5: Al encontrarla, se la echa a los hombros contento, 15,6: se va a casa, llama a
amigos y vecinos y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja perdida.
15,7: Les digo que, de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un
pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten
arrepentirse.
15,8: Si una mujer tiene diez monedas y pierde una, ¿no enciende una lámpara,
barre la casa y busca con mucho cuidado hasta encontrarla?
15,9: Al encontrarla, llama a las amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo
porque encontré la moneda perdida.
15,10: Les digo que lo mismo se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que
se arrepienta.
15,11: Añadió:
—Un hombre tenía dos hijos. 15,12: El menor dijo al padre: Padre, dame la parte
de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes.
15,13: A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde
derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. 15,14: Cuando gastó todo,
sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad.
15,15: Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus
campos a cuidar cerdos. 15,16: Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que
comían los cerdos, pero nadie se las daba. 15,17: Entonces recapacitando pensó:
—A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de
hambre. 15,18: Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra
Dios y te he ofendido; 15,19: ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a
uno de tus jornaleros.
15,20: Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su
padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó.
15,21: El hijo le dijo:
—Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo
tuyo.
15,22: Pero el padre dijo a sus sirvientes:
—Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y
sandalias en los pies. 15,23: Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un
banquete. 15,24: Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido
y ha sido encontrado.
Y empezaron la fiesta.
15,25: El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y
danzas 15,26: y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba.
15,27: Le contestó:
—Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado,
porque lo ha recobrado sano y salvo.
15,28: Irritado, se negaba a entrar.
Su padre salió a rogarle que entrara.
15,29: Pero él le respondió:
—Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca
me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. 15,30: Pero, cuando ha
llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para
él el ternero engordado.
15,31: Le contestó:
—Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. 15,32: Había que hacer
fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y
ha sido encontrado.


LECTURA: ¿Qué dice el texto?
Estudio bíblico del texto.
Ex 32:7-11, 13-14; Sal 51; 1 Tm 1:12-17; Lc 15:1-32
El mensaje este domingo es el perdón. La primera lectura relata el pecado original de Israel, quebrantar
el primer mandamiento poco después que fue promulgado. Como había sucedido en los días de Noé
cuando la maldad y la violencia cundieron sobre la tierra (Gn 6:5-22), Dios tuvo dudas acerca de su
elección de Israel, y quiso comenzar de nuevo haciendo un nuevo pueblo con Moisés. Pero Moisés
intercedió por Israel, y el Señor se arrepintió de la destrucción que había amenazado, como pasó en
tiempos de Noé. El Salmo 51 es el salmo penitencial por excelencia, atribuido al rey David después de
cometer adulterio con Betsabé y en efecto asesinar al marido de ésta (tremendo abuso de autoridad;
ver 2 S 11-12). Pero el rey pidió perdón y prometió ser un buen ejemplo para otros pecadores
necesitados de perdón.
En la segunda lectura, Pablo reconoce que persiguió a la Iglesia, pero nos dice que la misericordia que
Dios tuvo con él fue para revelar la perfecta paciencia divina de Jesucristo. Para Pablo, el centro (en
inglés, la crux) del misterio es precisamente eso, que Dios pasó por alto nuestros pecados para mostrar
lo “justo” que es; ver Rm 3:21-26. Pongo “justo” entre comillas porque el vocablo hebreo que traduce
significa una cualidad misteriosa que más bien protege y salva.
El evangelio dramatiza lo esencial del ministerio y mensaje de Jesús: en el tiempo final Dios buscaría a
los que estaban perdidos y descarriados y los haría volver a sí mismo. Este es el significado hebreo de
lo que llamamos conversión o arrepentimiento: regresar a Dios; ver los pasajes sobre el “buen pastor”
en Ez 34:15-16, 23-31)
Las parábolas dirigidas a los pastores (el de las cien ovejas que pierde una y sale a buscarla) pone énfasis
en la alegría del encuentro. Lo mismo que la que está dirigida a las mujeres (que pierde la moneda y la
busca) también es la alegría por el encuentro.
Jesús fue el agente de Dios para este designio divino de “regresar a Dios” La parábola del “hijo pródigo”
no muestra nada del Dios amenazador de la primera lectura; es el hijo temeroso, arrepentido pero aún
incrédulo el que piensa que debe preparar un discurso aplacador para su padre, a quien espera estar
bien furioso. Pero Dios, el Padre que nos revela Jesús, no es así: rompiendo con la costumbres de lo que
es propio en el oriente, este padre sale corriendo mientras su hijo aún está lejos, saliendo a su
encuentro y colmándolo de besos y regalos, con una fiesta en vez de probatoria. Es esta extravagancia
del Reino en los tiempos finales la que se nos pide practicar a nosotros también; ver Mc 4:3-9, la
parábola del sembrador pródigo o derrochador; ver también Mt 20:1-16; Jn 12:3; 19:39. Pero era
ofensiva para los “fariseos” de entonces y de hoy.
Preguntémonos para reconstruir el texto:
1. ¿Quiénes se acercaron a escuchar a Jesús?
2. ¿Quiénes murmuraban y criticaban a Jesús? ¿Porqué?
3. ¿Cuáles fueron las primeras dos parábola que Jesús les dice a aquellos que lo
escuchaban?
4. ¿Cuál es la síntesis que presenta cada una de estas dos parábolas?
5. Jesús cuenta una de las parábolas más hermosas: La del padre misericordioso ¿Qué hace
el hijo menor? ¿Qué hace el hijo mayor? ¿Cómo era la actitud del Padre?
6. ¿Qué pasó una vez que el hijo menor pasó hambre… cuál fue su decisión?
7. ¿Qué estaba haciendo el Padre, cuando vio regresar a su hijo menor? ¿cuál fue su
decisión inmediata
8. ¿Qué sucedió con el hermano mayor?
9. ¿Qué hizo el Padre con el hermano mayor?
10. ¿Qué conclusión podemos sacar de esta parábola
MEDITACION: ¿Qué me dice a mí el texto?
Este es otro texto clave del evangelista Lucas. Debemos hacernos unas preguntas para profundizar en
nuestra vida estas palabras de Salvación:
1. ¿Estoy convencido que Dios es misericordioso?
2. ¿He recibido alguna vez en mi vida esta experiencia de misericordia y perdón? ¿Podría
recordarla? ¿Cómo te has sentido ante el perdón obtenido?
3. En la vida pastoral de la Iglesia ¿salimos como el pastor a buscar a la oveja que se ha
perdido?
4. ¿Somos conscientes que hoy debemos prolongar el misterio de Jesús, en la Iglesia, y salir
a buscar a tantos que por algún motivo se han extraviado, y esto debe ser con amor?
5. ¿Cuáles crees que son los descuidos hoy de la Iglesia en que dejamos perder a nuestros
fieles? ¿Haremos como la mujer de la parábola para salir a buscar lo perdido?
6. Nos alegramos cuando nuestros hermanos vuelven al redil de la Iglesia ¿o los criticamos
porque se han ido?
7. Mostramos como cristianos la imagen del Padre Bondadoso, o nos enfocamos más en el
Padre castigador ¿Cuál será entonces la imagen que debemos mostrar y en qué cambiará
todo esto en la vida pastoral?
ORACION: ¿Qué le digo yo al Señor?
Orar, es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su Palabra Salvadora.
Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y es el momento de decirle algo al Señor:
Gracias Señor por tu Palabra Salvadora. Gracias por tu amor y misericordia.
Gracias porque me cambias la imagen que muchas veces he tenido de Ti, de un Dios
castigador, que está con las leyes morales en la mano, para regañarme. Sin embargo me
muestras que tú eres por sobre todas las cosas amor, misericordia, perdón.
Quiero pedirte la luz para analizar también todos aquellos lugares de mi vida, de mi
corazón donde nunca te he dejado entrar. Para poder pedir perdón, por esas cosas
enquistadas en mi vida que ni siquiera reconozco. Ahora quiero ponerlas en tus manos
bondadosas.
Quiero imitarte, saliendo a buscar a aquellos que hemos dejado que se vayan. Dame un
corazón valiente para ir al encuentro de todos ellos en tu nombre, y en tu misericordia
Hacemos un momento de silencio y reflexión para responder al Señor.
CONTEMPLACION: ¿Cómo interiorizo el texto?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo final de este
Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón.
15,32 Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo
estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido
encontrado.
Y de esta forma nos ponemos en contemplación solicitando al Señor la posibilidad de ser humildes.
ACCION: ¿A qué me comprometo?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano.
Si estoy solo, me propongo hacer un verdadero análisis de conciencia. Necesito darme cuenta cuántos
agujeros en mi corazón están lejos del Señor, las angustias, donde nunca lo he dejado entrar, las
preocupaciones, que me distraen de la misericordia. También pensar en los juicios que yo realizo sobre
aquellas personas que por algún motivo dejan nuestras comunidades y tratar de ser misericordiosos, e ir
a buscarlos.
En el grupo proponerse una actividad de búsqueda de aquellos que estuvieron en la comunidad y por
diferentes motivos se fueron. Que sea una actividad misionera, y hacerles a ellos una recepción tan
hermosa, como la que el Padre Misericordioso hizo por su hijo menor que había vuelto. Tener esta

actitud de discípulos misioneros, con una actividad que sea novedosa y atractiva.

Circulos Biblicos

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